Esperanza e ilusión

La administración de la Secretaría de Educación Pública nunca fue tan mediocre y la austeridad republicana castigó al sector como no lo hacía desde la crisis de la década de 1980, al grado de perjudicar la infraestructura educativa.

Paulo Freire demanda a los educadores no perder la esperanza en la educación, es el camino principal para lograr una mejor humanidad. Pero Octavio Paz apuntó que no hay que hacerse ilusiones sin fundamento sólido. Los dos pensadores invitan al escepticismo, pues los políticos son volubles y casi nunca cumplen sus promesas. Ésta es la última semana del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y entrega un sistema educativo Al borde del abismo, como titulan Gilberto Guevara Niebla y José Navarro Cendejas su libro más reciente.

Si bien el sistema escolar acarreaba grandes problemas, el primer gobierno de la Cuatroté en lugar de resolverlos los agravó. Hay pérdida de aprendizajes en la mayoría del alumnado, en especial de la educación básica. Agrandó la brecha entre lo que aprenden los alumnos de las clases sociales pudientes y los de las desfavorecidas, creció la inequidad. El nuevo marco curricular y los libros de texto gratuitos carecen de relevancia para la enseñanza de materias fundamentales como matemáticas y lenguaje. La administración de la Secretaría de Educación Pública nunca fue tan mediocre y la austeridad republicana castigó al sector como no lo hacía desde la crisis de la década de 1980, al grado de perjudicar la infraestructura educativa. Los maestros recibieron elogios y beneficios tangibles, como la basificación de cerca de 800 mil (por encima del mandato del artículo tercero), mejores salarios y arengas edificantes como nunca antes, aunque castigó —y duro— el presupuesto para su formación y actualización.

Los retos que hereda al futuro gobierno de Claudia Sheinbaum son enormes. Las recetas que prescriben los organismos intergubernamentales, aunque razonables algunas, son impracticables por el vigor renovado del corporativismo sindical, cuyas facciones se encaminan a recolonizar el gobierno de la educación básica, más empoderadas que nunca y con capacidad de veto. Y defienden sus parcelas con la actitud del zorro (la facción que comanda Alfonso Cepeda Salas) y la del león, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Aun así, docentes y colegas investigadores se muestran convencidos de que a partir de la semana que viene habrá cambios, de manera paulatina y sin rupturas fuertes, que enderezarán el rumbo y la educación tendrá un nuevo derrotero. Piensan que el nuevo gobierno procurará por medios políticos e institucionales que los alumnos asimilen lo que deben aprender, que canalizará más recursos (no nada más becas) a los sectores marginados, que reabrirá las escuelas de tiempo completo y las estancias infantiles que este gobierno clausuró.

Este grupo observa, con optimismo moderado, que habrá cambios en la dirección de la SEP y mayor financiamiento para mantenimiento y reparación de escuelas y más recursos para las normales y capacitación docente. Es más, piensan que con cautela dará marcha atrás en el marco curricular comunalista y recuperará la tradición normalista del proceso de enseñanza y aprendizaje, con enfoques acordes con sus símbolos y rituales consagrados. Porque, lo saben, la educación mexicana requiere más docentes y mejor preparados; además que tengan un salario digno y condiciones de trabajo decorosas.

Los colegas pesimistas, plantean que el escenario descrito es un cúmulo de ilusiones sin cimiento. Sospechan que el segundo piso de la Cuatroté dará continuidad a la política educativa, que si cambia será para profundizar en las premisas planteadas en el marco curricular, la ideología comunalista y el culto a la personalidad de AMLO y de Claudia Sheinbaum, en segundo lugar. Sí, habrá cambios en la administración, como la desaparición o reforma de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y (los) Maestros y la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación, pero será para facilitar la reconquista de esos espacios por los fieles del SNTE.

Confieso que no tengo esperanzas de que las cosas mejoren en la educación nacional con el próximo gobierno. La designación de Mario Delgado como nuevo titular de la SEP augura componendas y mediocridad. Ni siquiera vale la pena hacerse ilusiones. No mejorarán la calidad ni la equidad en la educación nacional.

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