Entre el corporativismo y la meritocracia
Los maestros mexicanos no son esquizofrénicos, saben dónde está el mando. El corporativismo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación es la fuerza dirigente en el sistema educativo mexicano. Ni los embates del neoliberalismo ni las cargas de fuerzas ...
Los maestros mexicanos no son esquizofrénicos, saben dónde está el mando. El corporativismo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación es la fuerza dirigente en el sistema educativo mexicano. Ni los embates del neoliberalismo ni las cargas de fuerzas democratizadoras merman su poderío.
Sí, el gobierno de Salinas de Gortari y el de Peña Nieto intentaron restarle dominio, pero la costumbre —la persistencia cultural, dicen autores institucionalistas— fue más fuerte. No importa que la Constitución establezca que corresponde al Estado la rectoría de la educación ni que invoque que la ley establecerá las disposiciones del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros en sus funciones docente, directiva o de supervisión, el espíritu corporativo reina casi con la misma fuerza que en el régimen de la Revolución Mexicana.
El artículo 8 de la Ley General para la Carrera de las Maestras y los Maestros dicta que: “El Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros es un instrumento del Estado para que el personal (…) acceda a una carrera justa y equitativa”. Pero sobre las “bases para reconocer su contribución a la transformación social”. No sus méritos ni conocimientos.
La Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y (los) Maestros lanza convocatorias para el proceso de selección para la admisión y promoción horizontal (que incluye pagos por méritos, como en la carrera magisterial que llegó con al Acuerdo para la Modernización de la Educación Básica de 1992), pero predomina la basificación de docentes y trabajadores interinos. Más de 650 mil en lo que va del sexenio, según la SEP, casi 750 mil, según Alfonso Cepeda Salas, el líder del SNTE. Le creo más a él.
La pregunta que no tiene respuesta es cómo adquirieron el puesto. La respuesta estándar de autoridades y facciones sindicales (incluyo a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) es que ingresaron por necesidades del servicio. Tal vez, sí, algunos miles de ellos. Pero el quid está en saber quién les otorgó la plaza de interinos.
En los territorios de la CNTE no hay mucho secreto, por medio de presiones, tomas de casetas de peaje, huelgas, manifestaciones y actos vandálicos compelen a las débiles autoridades estatales a ceder puestos (casi en forma automática a los egresados de sus normales) o a veces los mismos líderes dan la plaza, ya conseguirán que el gobierno les pague y luego los basifique.
En los dominios de la facción mayoritaria, la imposición no es burda, negocian con el gobierno central, hacen labores (como el censo de daños a escuelas durante la pandemia) y refuerzan la figura de quien ocupe la silla de Vasconcelos. Y obtienen mejores resultados.
El tinte meritocrático de que los maestros accedan a una carrera justa y equitativa palidece frente a la costumbre corporativa.
RETAZOS
Un abrazo a mis lectores por estas fiestas. Espero que disfruten de su descanso. Les deseo felicidad y bienaventuranza.
