En busca de título
En mi experiencia, escribir el primer párrafo y trazar el título me cuestan canas, el resto también, pero no tan blancas.
No es pesadumbre ni pereza mental, nada más inquietud porque no encuentro la frase apropiada para dar título a un proyecto de investigación que presentaré en fecha próxima. Tengo claro los propósitos, preguntas preliminares y una conjetura general, pero le falta el encabezado. Con máximo de siete palabras, además.
El número de voces no es requisito, tampoco capricho, me vino a la cabeza cuando pensé en las obras de mi profesión que han tenido influencia en mi trayectoria: Democracia y educación, John Dewey; Pedagogía del oprimido, Paulo Freire; La sociedad desescolarizada, Iván Ilich; La educación como imperialismo cultural, Martin Carnoy. Todas con títulos breves que indican el tema y despuntan el argumento. Obras significativas con títulos extensos también me marcaron, pero no tanto.
Claro, la trascendencia de esos libros (y de novelas también) no se deben al encabezamiento, el contenido es lo más importante. Pero, en ésas que mencioné, los autores dan a entender el rumbo de su razonamiento con economía de palabras y contribuyeron de manera importante a una escuela de pensamiento (paradigma dirían algunos de mis colegas).
Me disculpo con los lectores porque voy a escribir de mis libros, de las frases que los describen, en realidad. Es una autocrítica, aunque les va bien en la academia y la plaza pública. El primero, El sistema educativo mexicano; pienso que indicó el sujeto, pero de manera general. Para puntear la temporalidad vino el subtítulo: La transición de fin de siglo. Once palabras, muy largo, pero me acarreó muchas satisfacciones.
Luego vino Política, poder y pupitres. Quería dejarlo allí, me parece que los tres sustantivos indicaban bien lo que alegaría. No obstante, el editor de Siglo XXI, sugirió el subtítulo, Crítica federalismo educativo, aunque lo extendió a nueve vocablos, resumió el argumento.
Después Educación, colonización y rebeldía: La herencia del pacto Calderón-Gordillo. Pienso que dos o tres palabras menos le hubieran hecho bien. O los más recientes, Contienda por la educación, que es la suma de mi ponderación de las reformas educativas nacionales. Cavilo que los vocablos del subtítulo, globalización, neocorporativismo y democracia, eran innecesarios, lo mismo que reformas, resistencia y persistencia, en Política educativa en América Latina.
Hoy ando en busca de un título que ponga en juego la imaginación sociológica que exigió C. Wright Mills y sea guía para mi pesquisa. Ya tengo tres palabras que indican el tema y el territorio: covid-19 y América Latina. En las cuatro restantes tengo que dar cuenta del argumento, destacar uno de los conceptos centrales e insinuar el enfoque. No es fácil traigo muchas cosas merodeando en la mente.
En mi experiencia, escribir el primer párrafo y trazar el título me cuestan canas, el resto también, pero no tan blancas. Anticipo una tarde de sábado de desasosiego cerebral. Soy lento de pensamiento. Pero, si encuentro las palabras apropiadas, tiraré el hilo.
