CNTE-SEP: todo sigue igual
A pesar de las molestias que causan a la ciudadanía, los líderes de la CNTE puedensentirse felices, felices, pues lograron que el Presidente los aceptara en Palacio Nacionalen dos ocasiones y que se comprometiera a recibirlos de nuevo el lunes que viene.
De nuevo, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación estropeó el día a mucha gente, en especial en las ciudades de México y Oaxaca. La marcha que programó para este lunes desde semanas atrás resultó más grande de lo que muchos esperaban. Un éxito para los rebeldes, un tropezón para Andrés Manuel López Obrador y un martirio para la gente que sufrió las consecuencias; vamos, hasta un acto de la candidata Claudia Sheinbaum con empresarios sufrió retrasos. Los manifestantes gritaron frente al hotel Hilton: “La corcholata vamos a patear porque este movimiento tiene que triunfar". En la ciudad de Oaxaca el caos fue mayor, la sección 22 se aplicó en cuerpo y alma; la sección 7 de Chiapas hizo su tarea, aunque sus marchas fueron dispersas.
Pedro Hernández, el conspicuo dirigente de la sección 9 (la facción rebelde, no toda, pero sí la más numerosa) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en la Ciudad de México, antes de que comenzara la marcha de la Coordinadora canturreó una frase que sintetiza el sentir y proceder de la disidencia magisterial: “Quienes oyeron el canto de las sirenas, tenemos que decirles que nada ha cambiado, todo sigue igual”.
Un colega me comentó la semana pasada que la CNTE se desilusionó de AMLO porque no le cumplió. No pienso que sea desencanto de los rebeldes. Es parte de su estrategia tradicional (negociar-presionar-negociar) que tan buenos resultados les ha dado en poco más de 40 años de vida. Piden lo imposible para lograr más de lo posible. Yenny Aracely Pérez, la secretaria general de la sección 22 fue la encargada de canturrear lo imposible: “Incremento salarial de 100 por ciento a todos los trabajadores de la educación, la abrogación de la ley del ISSSTE y la reforma educativa, así como garantizar que todos los maestros cesados sean reinstalados”. Además, exigen la supresión de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y (los) Maestros.
El Presidente los recibió en Palacio Nacional con todo y que en la marcha no cesaban de gritar: “AMLO decía que todo cambiaría. Mentira, mentira, la misma porquería”. Y, con todo y que el Presidente dio respuesta a ciertos puntos (si hay cesados se reinstalarán, pero será cuestión de los gobernadores), luego los dirigentes se reunieron con la secretaria de Educación Pública, Leticia Ramírez Amaya. La CNTE anunció otra marcha para el 22 de abril y se prepara para una huelga indefinida en mayo.
A pesar de las molestias que causan a la ciudadanía, los líderes de la CNTE pueden sentirse felices, felices, pues lograron que el Presidente los aceptara en Palacio Nacional en dos ocasiones y que se comprometiera a recibirlos de nuevo el lunes que viene. También convino —con ellos, no con los padres de los 43 de Ayotzinapa— que atenderá a éstos después de las elecciones, aunque el Presidente los quiere sin asesores legales ni defensores de los derechos humanos. No pienso que esa reunión se vaya a dar.
Las marchas son coacciones que le llegan a AMLO. Con todo y que el Zócalo estuvo blindado, los gritos de la masa se escuchaban y las puertas de Palacio se despejaron para que ingresara la Comisión Nacional Única de Negociación de la CNTE. No se han abierto para las madres buscadoras ni para quienes exigen medicinas ni para otros que no tienen el poder de convocatoria de los maestros disidentes.
Tal vez AMLO no se sienta a gusto en diálogo con sus aliados de hace pocos años, son tan o más gritones que él. Quizá se tome en serio la amenaza de la CNTE de boicotear las elecciones e irrumpir en mítines de Morena. Los disidentes son más que una piedra en el zapato, son oposición vociferante y agresiva que enarbola su propia utopía, para que todo siga igual.
RETAZOS
El martes de la semana pasada murió mi gran amigo Leobaldo García Orrante, profesor de la Universidad Juárez del Estado de Durango, periodista y activista en los movimientos de los años 60 y 70. Se graduó de abogado, pero no ejerció la profesión, fue servidor público y enseñante de ciencias políticas. Me consta que fue un docente de grueso calibre. Sus alumnos lo extrañarán. Abrazo solidario a Cecilia Hernández, su viuda, y a Vladimir y Cecilia García, hijo e hija.
