Cierre del año

En octubre se publicó Arrojos contra el vendaval: buenas prácticas de educación en México, que compilamos Gaby Yáñez, Luis Iván Sánchez y yo. Una antología que nos llena de orgullo

Aprovecho este espacio de nuestro Excélsior para discutir asuntos personales. Es el último artículo de este 2022 y me encaramo para poner en perspectiva mi hacer en este año que cierra. No es queja, pero, aunque nos protegimos lo más que se pudo, el covid-19 nos agarró a mi esposa y a mí.

Ana Rosario amaneció con el bicho el sábado 24 y, aunque la encerramos y tuvimos poco contacto, a mí me alcanzó el lunes 26. No me siento terrible, pero sí acuso recibo del malestar. Espero que pronto salgamos de ésta y a seguirle dando.

Mi productividad en este año alcanzó niveles aceptables. Éste es mi artículo 92 en Excélsior y publiqué ocho en la revista Siempre. Cierro con 100. Además, produje dos artículos académicos, uno para Korpus21, el otro para la revista electrónica Desafíos Educativos. Y vieron la luz dos capítulos que trabajé en los dos años anteriores. Uno en la International Encyclopaedia of Education, allí soy autor individual, y el otro en la quinta edición de Comparative Education: The Dialectic of the Global and the Local, que escribí al alimón con Robert Arnove, Stephen Franz y Carlos Alberto Torres.

En octubre, por fin salió de la imprenta Arrojos contra el vendaval: buenas prácticas de educación en México, que compilamos Gaby Yáñez, Luis Iván Sánchez y yo. Es una antología que nos llena de orgullo porque documentamos, junto con una cincuentena de colegas, experiencias de éxito en pequeña escala que contradicen la idea de que todo en la educación mexicana anda mal. También escribí dos reseñas de libros y varios artículos de divulgación.

En mi Casa abierta al tiempo trabajé con alumnos de posgrado y licenciatura; este trimestre tengo el módulo introductorio a los estudios universitarios, Conocimiento y sociedad. Es un tronco común para estudiantes de nuevo ingreso a la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Ya van dos trimestre con clases presenciales. Me encanta trabajar con jóvenes, me llena de satisfacción.

También me hechiza asesorar a estudiantes de posgrado en sus investigaciones. En 2023 espero graduar a dos estudiantes de doctorado y tres de maestría. Van muy bien con sus tesis.

La vida no es sólo trabajo; aunque ya no salimos de pachanga muy seguido —aun desde antes de la pandemia—, de vez en cuando tenemos reuniones sociales y nos la pasamos bien. Ya no vamos a las salas de cine, pero Netflix, HBO y Amazon Prime nos entregan películas y series en casa.

Aparte de las lecturas de la profesión y de los trabajos de mis alumnos, soy lector de novelas, me embelesan las de misterio. Este año descubrí a un autor sueco de novela negra, de veras negra, Stefan Ahnhem, leí sus tres primeros libros traducidos al español, La novena tumba, Mañana te toca a ti y 18 bajo cero. Las tramas son poco creíbles, por la crudeza de los crímenes y la patología de los asesinos, pero son verosímiles y las disfruto.

Me enredé con la novela de Arantza Portabales, La vida secreta de Úrsula Baz, con personajes complejos y un misterio en donde la autora juega con sus lectores al ofrecer unas pistas contradictorias. Además, narra de manera magistral, excepto en los primeros capítulos donde abusa del participio. El lenguaje vernáculo de los protagonistas me trasladó a Galicia, a Santiago de Compostela y alrededores.

También leí El rey del cash, de Elena Chávez, No es una novela, tampoco una biografía ni un trabajo académico. Es el testimonio de la autora que narra en primera persona, no ofrece pruebas, pero todo lo que expresa es creíble. Difícil de desmentir por sus detractores, por eso recurren al insulto. Podría calificarse como una novela sin ficción, como llama Javier Cercas a su obra El impostor.

Mis estimados lectores, les deseo felicidad en 2023. Hago votos porque encontremos fuerza para superar los desvaríos.

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