Bienestar en la retórica, inequidad en la acción

Buena parte del presupuesto para la educación básica se destina a programas que algunos especialistas denominan clientelares: becas universales y transferencia de fondos a padres de familia para el mantenimiento y la reconstrucción de escuelas (Programa La Escuela es Nuestra).

Es casi seguro que el Congreso apruebe esta semana el Presupuesto de Egresos de la Federación, acaso con unas comas agregadas, pero sin modificaciones sustantivas. No veremos, como en los tiempos del régimen de la Revolución mexicana, a una masa de diputados levantando el dedo en la sala de plenos; una buena porción votará a distancia, pero, claro, seguirá la instrucción que se les dictó desde la cúspide del poder. Es casi seguro que se escucharán frases y consignas favoritas de la Cuatroté, como el humanismo de la Nueva Escuela Mexicana, el Nuevo Bachillerato Nacional, la estrategia Vive Saludable y las Becas para el Bienestar. Sí, pero con un presupuesto restringido, excepto para becas.

Dos organizaciones de la sociedad civil, Mexicanos Primero y el Instituto Mexicano para la Competitividad, elaboraron análisis sesudos, documentados en los datos oficiales sobre el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación y su etiqueta en el sector educativo. Ambas instituciones indican que hay crecimiento, aun en términos reales, pero lejos de lo gastado en 2015. MP muestra con cifras que el monto crece, pero la rebanada del “pastel” se hace más chica, es decir, aumenta el gasto en educación, pero se pierde terreno. También documenta que sólo 48% de las 33 estrategias que planteó el Programa Sectorial de Educación 2024-2030 cuenta con recursos etiquetados. Las otras 17 están por debajo de la pobreza franciscana.

Cito la parte medular del análisis: “El gasto corriente se concentra en nómina docente, becas e infraestructura, apuntando al estar, con menor o nula atención para estrategias y acciones directas que atiendan y garanticen el aprender como la formación continua, el acompañamiento e innovación pedagógica, la evaluación como instrumento para la mejora y el fortalecimiento de la comprensión lectora y el razonamiento matemático en los primeros años de primaria…”.

El IMCO evidencia que la educación no es una prioridad para el gobierno de la Cuatroté. “Los recursos que se destinarán en 2026 equivalen a 12.2% del presupuesto federal total y a 4% del PIB nacional”. Y va al punto: “La educación básica recibirá el mayor presupuesto en 25 años debido a la universalización de la Beca Rita Cetina”. En contraste, la educación superior alcanzará su nivel más bajo de financiamiento en lo que va del siglo. En 2026 tendrá reducción, en términos reales, de 40% de lo que tuvo en 2015. De ese tamaño es la medida del humanismo mexicano.

Buena parte del presupuesto para la educación básica se destina a programas que algunos especialistas denominan clientelares: becas universales y transferencia de fondos a padres de familia para el mantenimiento y la reconstrucción de escuelas (Programa La Escuela es Nuestra). En cambio, muy poco se destina a programas y estrategias que promueven el aprendizaje y el desarrollo de capacidades para ejercer la ciudadanía y un trabajo productivo. Además, se destina poco a frenar el abandono escolar, por más que la SEP pregone que la escuela extraña a los alumnos que se van. Mario Delgado, el secretario de Educación Pública, habla del compromiso de maestras, maestros y autoridades para consolidar la educación pública como motor de bienestar (ver el reportaje de Laura Toribio en Excélsior de ayer). Vale la pena preguntar: bienestar, ¿para quién?

Según el filósofo Amartya Sen, la equidad consiste en tratar diferente a los desiguales. Tratarlos de igual manera es inequitativo e injusto. Las becas universales promueven la inequidad; el gobierno transfiere dinero a quien no lo requiere y le quita a quienes más lo necesitan. Por ejemplo, a los hijos de los altos funcionarios y de las clases medias les da la misma cantidad de dinero que a los vástagos de quienes viven en zonas depravadas. Los primeros no lo necesitan, lo usan para algo superfluo. Para los segundos es fundamental, es parte de la subsistencia básica. Las becas de la Cuatroté generan votos, no aprendizaje.

El PEF 2026 ratifica que el bienestar no es para los pobres de este país. Los diputados de Morena y aliados lo garantizarán con su dedo en alto, digo, si es que asisten a la sesión.

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