Unos son más iguales que el resto

Cando un presidente mexicano terminaba su sexenio dejaba el protagonismo para no interferir la administración de su sucesor, dedicándose a escribir libros, a la academia o a cualquier cosa que pueda hacer un exmandatario. Muchos de ellos (y en algunos casos sus familiares también) sufrieron algo que en política se conocía como el “síndrome de las ardillas”, porque extrañaban vivir en Los Pinos —la residencia oficial hasta la llegada de López Obrador, quien prefirió vivir en Palacio Nacional para no ser ostentoso—.

Algunos presidentes tuvieron que tomar medidas para que su predecesor dejara las tentaciones de entrometerse en la nueva administración: Lázaro Cárdenas expulsó a Plutarco Elías Calles a Estados Unidos y Luis Echeverría fue nombrado embajador para Australia, Nueva Zelanda e Islas Fiyi por José López Portillo. Había una regla no escrita hasta la presidencia de Peña Nieto: los expresidentes no opinaban y el presidente en turno no criticaba su gestión, por más mala que fuera. Esto tenía una lógica institucional: entre sastres no se cuentan las puntadas y entre bomberos no se pisan las mangueras.

Esto dio paso también a la herencia de impunidad: no importa cuántas leyes rompió o cuanta corrupción permitió, hasta ahora, ningún expresidente de México ha pisado la cárcel, incluso bajo la promesa de campaña y la insulsa consulta popular de AMLO.

En teoría, López Obrador se encuentra retirado en su rancho en Palenque, donde, casualmente, fueron construidos un hospital de primer nivel del ISSSTE, un cuartel militar, un parque, un boulevard nuevo, una estación del Tren Interoceánico, nuevas vialidades y algunas cosillas más. Durante su mandato rechazó reunirse con madres buscadoras que piden ayuda para encontrar a sus familiares desaparecidos o con los damnificados del huracán Otis. Tampoco cumplió su promesa de resolver el caso de los estudiantes de Ayotzinapa, pero viajó varias veces a Badiguarato, tierra del Chapo, donde saludó efusivamente a la madre del narcotraficante, aplicando su política de “abrazos, no balazos”. ¿Habrá acusado al Chapo con su mamá?

Fue el presidente que menos viajes internacionales realizó en los últimos 40 años, evitó asistir a cumbres internacionales y eventos de trascendencia mundial. No le hizo frente a Donald Trump, al contrario, utilizó a las Fuerzas Armadas como el muro humano que le exigió el norteamericano. Apoyó totalmente a los gobiernos de izquierda latinoamericanos, que en su mayoría trataron de convertirse en dictaduras; algunos ya lo eran: Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua, los Castro y Díaz-Canel en Cuba fueron sus grandes amigos. Respaldó a los convictos Evo Morales en Bolivia, Dilma Rousseff en Brasil y Cristina Fernández en Argentina. También se negó a condenar la artera invasión de Rusia a Ucrania.

Las obras insignia de su sexenio han mostrado el despilfarro, ineficiencia y, en muchos casos, lo peligrosas que son para sus usuarios y quienes habitan en sus alrededores: el descarrilamiento del Tren Interoceánico, el incendio en la refinería de Tres Bocas junto con la contaminación del medio ambiente de la zona, al igual que la destrucción de selva y cenotes por la construcción del Tren Maya. El AIFA sigue generando pérdidas, no transporta ni cerca de 50% de su capacidad.

López Obrador reapareció para hacer una colecta en “apoyo al pueblo cubano”. Lo mismo hizo cuando pidió dinero para los damnificados del terremoto de 2017, iniciativa que fue manejada con opacidad, tanto en recursos como resultados. Para apalancar a la dictadura cubana a la que defiende y procura constituyó una asociación civil en tiempo récord (normalmente el trámite toma nueve meses), pero no ha dicho ni una palabra para apoyar a quienes han sido damnificados por las tragedias ocasionadas por la incompetencia y corrupción de su gobierno. Sí, todos somos iguales, pero para AMLO, unos son más iguales que el resto. Él nunca gobernó para todos los mexicanos: gobernó para los suyos, no para quien opinaba diferente. Ojalá la Presidenta revise la historia y vea qué se hace con las piedras en el zapato, ¡se ahorraría muchos problemas!

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