La marcha de las generaciones

La Generación X (nacidos entre 1965 y 1980) fue la responsable de sacar del poder a la dictadura perfecta después de 70 años, por supuesto, con la ayuda de algunos de los más jóvenes de los Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964). El punto de ruptura fue el terremoto de 1985, así como los abusos de la autoridad desde finales de los años sesenta...

El sábado pasado se realizó la marcha del hartazgo; por fin, algunos aguerridos miembros de la llamada Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) han comenzado a tomar acciones en contra del mal gobierno, del desgobierno, de la corrupción y de la impunidad, consecuencia de las acciones de los más incompetentes, menos preparados, pero más resentidos de ese grupo político que, al no ser elegidos en los relevos estructurales del PRI, crearon su propio partido (Morena) en el que ya se arrullan los deseos y sueños de nepotismo de los herederos de sus rancios fundadores.

La Generación X (nacidos entre 1965 y 1980) fue la responsable de sacar del poder a la dictadura perfecta después de 70 años, por supuesto, con la ayuda de algunos de los más jóvenes de los Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964). El punto de ruptura fue el terremoto de 1985, así como los abusos de la autoridad desde finales de los años sesenta, como Tlatelolco, el jueves de Corpus, Aguas Blancas y Acteal, entre muchos. Con la llegada de la oposición representada por el PAN, que aún mantenía algunos de sus ideales originales, cometimos el error de pensar que habíamos llegado a la meta, que la democracia alcanzada nos duraría por siempre y que los males de México estaban vencidos. Por primera vez teníamos separación de poderes, una inflación de un sólo dígito y estabilidad económica, sin matanzas orquestadas desde Los Pinos. Tuvimos esperanza de que por fin nuestro país tomaría el protagonismo económico y político que siempre asumimos que nos merecíamos. La victoria nos derrotó, nos confiamos y estábamos cansados. Llevábamos tanto tiempo en esa lucha que, al caer el villano histórico, no entendimos que la democracia se construye por todos diariamente, que no es una meta, sino un camino, una forma de vida que hasta el momento, con todo y sus fallas y probables inequidades, es el experimento político más exitoso e incluyente en la historia.

Poco nos duró el gusto, doce años después de una incipiente democracia y alternancia, aprovechando la poca memoria, educación y el crecimiento del crimen organizado, no en poca medida gracias a la incompetencia y corrupción de los gobiernos locales panistas en muchos estados, aunada a una gran campaña orquestada por el antiguo PRI, los mexicanos eligieron a un presidente “bonito” con una esposa de telenovela. Los votantes le creyeron y nos robaron hasta la camiseta: no sólo incumplieron, sino que además le regalaron territorios a los cárteles, pactando una +++pax narca+++ para “tranquilizar” al país. Su incompetencia, estulticia, corrupción y la matanza más grande de estudiantes del nuevo siglo en Ayotzinapa, detonó nuevamente el hartazgo de los mexicanos que se hastiaron de sus pifias. 

Para 2018 ya había una nueva generación, los millenials. Ellos no vivieron ni sufrieron todas las vicisitudes del siglo XX; fueron criados por padres de la Generación X que los sobreprotegieron, evitándoles aquellos “males” que habían sufrido “tanto” (a lo que sus padres les llamaban obligaciones y responsabilidades). Muchos millenials crecieron en una burbuja de sobreprotección, haciéndoles creer que se merecían todo sin poner el esfuerzo necesario para ganarse las cosas, en un país cada vez más violento. En ese momento llegó un mesías tropical tabasqueño prometiendo regalar dinero a ancianos, a jóvenes (creando a los infames ninis) y a niños por ir a la escuela, eliminando incluso la facultad de reprobar en la escuela sin importar si estaban preparados para el siguiente año y, para fines prácticos, para la vida. 

 México se convirtió en un país de dependientes del gobierno para comer y subsistir, en lugar de crear las condiciones adecuadas para el desarrollo, crecimiento y movilidad social. El sexenio de AMLO, con su incompetencia, voraz corrupción y resentimiento, le dejó tantos problemas a Claudia Sheinbaum, incluida una deuda monumental, proyectos e instituciones inviables que ya le están reventando en la cara, mientras que la estructura del partido le sigue respondiendo a su predecesor, no a ella.

La marcha mostró que la Generación Z no está sola, somos muchos. Y no somos bots, somos una realidad que le va a cobrar caro a Morena sus afrentas. Deben de estar muy preocupados.

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