El coeficiente intelectual (CI) es el resultado estandarizado de pruebas que miden la inteligencia en áreas como el razonamiento abstracto, memoria y habilidades para resolver problemas y situaciones inesperadas. Se utiliza en países desarrollados para identificar a estudiantes con necesidades o habilidades especiales, y en algunas compañías para tomar decisiones de contrataciones o promociones. A lo largo de los años estas pruebas se adaptan para reflejar las habilidades cognitivas y de aprendizaje en ese momento. Una inteligencia promedio es de 100 puntos de CI. Los genios de la historia como Da Vinci, Marie Curie y Newton se calcula que tendrían entre 180 y 210 puntos, Galileo Galilei entre 160 y 190, Einstein 160 y Stephen Hawking 180.
A finales de los años 70, el investigador político y filósofo James Flynn comenzó su investigación acerca de los cambios del CI entre las generaciones desde principios del siglo XX. Después de casi una década de investigación, concluyó que el CI se incrementaba tres puntos en la población en general por cada década. Desde inicios de 1900 hasta los años 70, cada generación tenía más capacidad de aprendizaje e inteligencia que la generación anterior: generalizando, los jóvenes podían descifrar y resolver problemas más complejos que sus antecesores; la memoria se incrementaba, al igual que los procesos y habilidades para resolver situaciones complejas, generando conocimiento tanto individual como colectivo: a esto se le conoce como el efecto Flynn.
Desafortunadamente, este proceso ha cambiado y se está revirtiendo. En los resultados de las pruebas en los últimos treinta años, el CI de los habitantes de muchos países, sobre todo de las naciones desarrolladas, ha comenzado a disminuir. La tendencia positiva se detuvo en algún momento de los años 90 y desde entonces se ha observado una disminución de 0.3 puntos de CI al año en las nuevas generaciones, afectando también a adultos de todas las edades. Las mediciones de razonamiento, habilidad verbal y visual, las habilidades matemáticas y memoria, así como la capacidad para resolver problemas sencillos y complejos, está a la baja; únicamente el razonamiento espacial (la capacidad de imaginar y trabajar en la mente con objetos de tres dimensiones) ha aumentado.
¿Significa esto que, por primera vez en la historia de la humanidad, las nuevas generaciones son menos inteligentes que las anteriores? Podemos inferir que éste sea el caso, aunque es reversible.
Los factores que han invertido el desarrollo del aprendizaje son, en su mayoría, externos. No es coincidencia que la llegada de tecnologías de cómputo personal coincida con dicho declive. El uso de computadoras y la llegada de los teléfonos y tabletas inteligentes, sobre todo en la infancia y adolescencia, se considera como la principal razón del retroceso, junto con la disminución en las horas de sueño y aumento de comidas ultraprocesadas. Los procesos cognitivos que desarrollan las habilidades intelectuales, e incluso las emocionales, van a la baja. La sobreprotección de los padres con los hijos, evitándoles fracasos, caídas y frustraciones ha hecho que, al convertirse en adultos, el choque con la vida real se traduzca en depresiones y mal manejo de las emociones cuando la vida pasa factura. La gratificación inmediata pocas veces sucede en la vida real, algo que se quiere compensar con likes y seguidores en el mundo virtual. Paradójicamente, en las zonas del planeta donde la vida no es holgada o, peor aún, se corre peligro de vida constante, el CI sigue creciendo.
Australia y Francia ya han aprobado leyes prohibiendo el uso de redes sociales a menores de 16 y 15 años, respectivamente, y próximamente lo harán Reino Unido, España y Malasia; también comienza a prohibirse el uso de teléfonos celulares en muchas escuelas alrededor del mundo. El resultado es inmediato: esta acción provoca una mejora en las calificaciones, los procesos cognitivos, el aprovechamiento escolar y la convivencia entre los alumnos, incrementando la participación en deportes y actividades escolares, mejorando la calidad de vida de jovenes y adultos. Ciudadanos inteligentes siempre crearán un mejor país, y vaya que el mundo lo necesita.
