La izquierda y la dictadura en Venezuela
Hoy en día, los golpes de Estado en América Latina buscan mantener una cierta fachada de constitucionalidad. Afortunadamente, siempre hay voces alerta contra maniobras aparentemente legales, pero cuyo fin es deponer a un gobernante electo por el pueblo. López Obrador ha sido una de esas voces. En junio de 2009 le pidió al gobierno de Calderón que protestara contra el golpe de Estado en Honduras. México condenó el golpe
No se trataba de una mera asonada militar, sino el resultado de una decisión de la Corte Suprema de Justicia de Honduras, tras el desacato del presidente Manuel Zelaya a la declaración de ilegalidad de un referéndum, con el cual Zelaya quería cambiar la Constitución. Ésta prohibía la reelección y Zelaya se quería quedar más tiempo en el poder. Meses después, en parte gracias a la presión internacional contra el golpe, el gobierno provisional convocó a elecciones para la presidencia y el ganador de éstas, Porfirio Lobo Sosa, estuvo en el poder los cuatro años que marca la Constitución. Regresó la democracia y nadie se instaló en el poder a través de sucesivas reelecciones.
El gobierno de Venezuela lleva varios años concentrando el poder. Ahora se está consumando un golpe de Estado, mucho más grave que el hondureño. El Congreso de ese país, controlado por la oposición y resultado de elecciones legítimas celebradas en diciembre de 2015, cuando participaron 14 millones de venezolanos, ha sido simplemente ignorado por el presidente Maduro. Éste, que tiene al Tribunal Supremo y a la Comisión Electoral a su servicio, organizó el domingo antepasado la elección de la llamada Asamblea Nacional Constituyente con puros candidatos del gobierno. La elección, para colmo, fue un fraude, no juntó ni los 7.8 millones de votos que presumió el gobierno y reprodujo en primera plana del diario La Jornada como triunfo histórico del chavismo. Esto a pesar de que las presiones para votar incluían, para quienes no lo hicieran, la pérdida de su empleo en el sector público.
Le llaman Constituyente, pero su objetivo es desmontar, de la forma que sea, toda oposición al régimen. Ya le dieron plenos poderes para ello, sin base legal alguna. Ya despidió, por la fuerza, a la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, cercana, en su momento, a Hugo Chávez. Ortega no pudo seguir apoyando más a un gobierno corrupto y represor que lleva más de 100 muertos y más de 110 presos políticos, uno de ellos el alcalde de Caracas.
El gobierno de Maduro va a tratar de llevar a prisión al resto de los alcaldes de la oposición. ¡A uno de ellos lo quieren encarcelar por no impedir manifestaciones opositoras a Maduro en la ciudad que gobierna! ¿Se imaginan si esto fuera en México causal de remoción y encarcelamiento de un gobernante?
El Constituyente va a elaborar una nueva Carta Magna que hará imposible un triunfo de la oposición en el futuro. Ésta será completamente excluida. El Mercosur anunció, el sábado, que suspendía indefinidamente a Venezuela del bloque comercial y político por la “ruptura del orden democrático”. El martes pasado, 12 países de América Latina, incluidos México, Brasil y Chile, condenaron la dictadura en Venezuela.
Los principales líderes de la izquierda en México no protestan contra este golpe de Estado y le exigen a nuestro propio gobierno no actuar en contra del gobierno de Venezuela. La cantaleta del principio de la no intervención de la política exterior mexicana es una payasada. Como ya lo mostró muy bien Jorge Castañeda en diversas intervenciones en los medios de comunicación la semana pasada, México ha intervenido muchas veces en su historia, contra Franco y contra Pinochet, por ejemplo, con el aplauso de la izquierda.
La izquierda parece creer que quien invoca al pueblo lo está representando automáticamente. Los enemigos del pueblo deben quedarse sin derechos políticos. Es la vieja lógica del estalinismo. ¿Qué tendría que hacer el gobierno de Maduro para merecer una condena internacional? Supongo que ser de derecha. ¿O pedirán la intervención si los militares finalmente se cansan de seguir solapando al gobierno de Maduro?
No deben faltar quienes crean, como Ken Livingstone, exalcalde de Londres, admirador de Hugo Chávez, que las presiones actuales en contra del gobierno de Maduro provienen de los enemigos del socialismo. Son el resultado de la falta de voluntad del mismo Chávez de ejecutar a los oligarcas una vez que tomó el poder (https://goo.gl/jCo3M1).
Hoy, en Venezuela, un presidente autoritario que ha terminado por quebrar la economía de su país, mandando al hambre a millones de sus compatriotas, quiere consolidar su amenazado poder creando una dictadura. Es lamentable lo poco que importa en el debate mexicano, en buena medida porque la crítica a las dictaduras ha sido un monopolio de la izquierda y ésta no está dispuesta a llamar por su nombre a lo que está sucediendo en Venezuela.
