Próxima estación, la ignominia
Qué incómodo debe resultar percatarse que, si el Metro ha sufrido un gran deterioro a lo largo de los años, también es responsabilidad de quienes han ocupado las oficinas de gobierno desde 1997 hasta la fecha
Se cumple una semana de la tragedia de la Línea 3 del Metro de la Ciudad de México en la que Yaretzi Adriana, joven estudiante de la facultad de Artes y Diseño de la UNAM perdió la vida. Escribir esta frase es como ser devorado por el desasosiego que causa el enojo que provoca el cinismo y la ignominia. Es imposible no recordar que el día 3 de mayo del año 2021, en la conocida Línea 12, entre las estaciones Olivos y Tezonco, también ocurrió una tragedia en la que perdieron la vida 26 personas y se necesitó atender a 80 heridos –además, se estima que hay 5 personas desaparecidas–. Más allá de realizar ese obligado cálculo del tiempo, es fácil concluir que en menos de dos años se han presentado dos terribles desgracias en las que personas con nombres y familias perdieron la vida. Algo sucede en el transporte más importante, con las reacciones del gobierno de la Ciudad de México y, quién lo dudaría, con nuestra sociedad.
Resulta tragicómica la forma en la que Claudia Sheinbaum y su gabinete, además del primer mandatario, han reaccionado ante lo ocurrido el domingo pasado. No es complicado imaginarles sentados y sentadas en un conciliábulo para tratar de buscar a quién adjudicarle la culpa y, así, mitigar las consecuencias. Sin embargo, el acostumbrado pretexto de “los gobiernos anteriores” sería como llenarse de plomo ambos pies. Qué incómodo debe resultar percatarse que, si el Metro ha sufrido un gran deterioro a lo largo de los años, también es responsabilidad de quienes han ocupado las oficinas de gobierno desde 1997 hasta la fecha –por más que busquen cualquier triquiñuela para deslindarse de Miguel Ángel Mancera–.
Sin embargo, han colocado la apuesta que les ha funcionado en muchas ocasiones porque hay quienes creen ciegamente, con esa fe que sostiene en su base todo populismo y demagogia, en cada palabra que llega desde las oficinas del Palacio Nacional: hablar de un “complot” es un clásico que define la vida política de López Obrador y que se ha constituido como una humareda muy eficaz para quienes forman parte de su gobierno y simpatizan con él. Así, con esa ligereza que ha tratado de imitar la actual Jefa de Gobierno, se anunció la presencia de la Guardia Nacional para “vigilar” y brindar “seguridad” en las instalaciones del Metro. Sí, la entidad que se encuentra vinculada, en su fundamento, con el Ejército.
Fieles a su mecanismo, han sido capaces de convertir una tragedia en una nueva oportunidad para colocar esa moneda de politiquería que depositan en las manos de sus fieles seguidores: por un lado buscan implantar esa vieja historia del complot universal, de los sabotajes que buscan terminar con el gobierno de la principal víctima que es, vaya paradoja, la actual jefa de Gobierno. Sería prudente cuestionar a los gobernadores que firmaron el desplegado en apoyo a Claudia Sheinbaum, ¿qué les parece la decisión de enviar a más de seis mil miembros de la Guardia Nacional a cuidar las instalaciones del Metro cuando en sus estados no llegan a semejante cantidad de miembros de dicha corporación? Por ejemplo, en Zacatecas, donde la violencia es el pan que se come diariamente. Sin mencionar a Michoacán, Veracruz o Sinaloa. Claro, el silencio es su mejor garantía política.
Además, hay otra pregunta que nos lleva a levantar la ceja ante otro de los lugares comunes del actual gobierno de la ciudad: si se tiene a una de las policías más preparadas, que ha sido capaz de disminuir el índice delictivo que tanto se presume, ¿por qué recurrir a la Guardia Nacional? Algo no cuadra en dichas aseveraciones como para buscar la presencia militar en los andenes y pasillo de este transporte. Bastaron dos días para percatarnos por dónde se está construyendo la narrativa: se capturó a una mujer que “aventó” unas aspas de lavadora a las vías y se consignó a un joven que realizaba una protesta en contra de la presencia militar en ese lugar. Por cierto, ante el apagón de energía que se presentó en la Línea 7, sólo ayudaron a desalojar a la gente y no evitaron la falla. Pero es muy efectivo vender la falsa sensación de seguridad.
Que importante es la memoria en este momento. No olvidemos que ante una de las conclusiones de la empresa DNV, contratada para realizar el peritaje del desastre de la Línea 12 –en la que se determinaba que la falta de manteniendo también era una de las causas–, se concentraron en desacreditar y cubrir lo que impactaba negativamente a su imagen y la de Marcelo Ebrard. Ésa es la lucha que le importa al gobierno federal: rescatar a quien encabeza las preferencias electorales de la sucesión presidencial en el partido oficial, quien se tomará una fotografía en la siguiente estación, la ignominia, dentro del vagón de la impunidad.
