Palabras en libertad, vida en riesgo
Según Artículo 19, desde el 2000, se han documentado 157 asesinatos de periodistas “en posible relación con su labor”, como se señala en su página oficial. Números que se convierten en un indicador relevante cuando se observa que 37 de esos asesinatos han ocurrido durante los primeros cuatro años de este sexenio.
Condenar el atentado en contra del periodista Ciro Gómez Leyva es tomar postura ante la violencia y los constantes ataques que viven muchas personas que participan de los medios de comunicación en todo el país. Sabemos —porque es una información que se pone en la mesa de manera constante— que México es uno de los lugares más peligrosos para ejercer un periodismo libre, crítico, que se finca en uno de los pilares por los que más se ha luchado, la libertad de expresión.
Las estadísticas se subrayan y adquieren un tono dramático cuando nos enteramos acerca del asesinato de alguien que forma parte de un medio en el que se cumple con la tarea de informar y, por ende, contribuir a que, como sociedad, tengamos la posibilidad de formular cuestionamientos, de enterarnos acerca de lo que implican las decisiones económicas y políticas de quienes son parte de esa suerte de “casta todopoderosa” que tiene las riendas de los gobiernos federal, estatales y municipales.
En este mismo espacio, generosas y generosos lectores, se han compartido esos números que, ante la compleja realidad que vivimos, suelen opacarse con rapidez cuando surge otra noticia que atrapa nuestra atención llevando la reflexión a otros temas, otros personajes y situaciones que también exigen ser analizados con detenimiento; así, los nombres y la importancia de quienes han perdido la vida a consecuencia del libre ejercicio de su trabajo informativo se diluyen en la frialdad de las estadísticas. Según Artículo 19, desde el 2000, se han documentado 157 asesinatos de periodistas “en posible relación con su labor”, como se señala en su página oficial. Números que se convierten en un indicador relevante cuando observas que 37 de esos asesinatos han ocurrido durante los primeros cuatro años de este sexenio. Sí, durante un gobierno que ha mantenido como estrategia el constante ataque a los medios de comunicación, periodistas y todo aquel o aquella que se atreva a formular un cuestionamiento a su llamada Cuarta Transformación.
Detengámonos un poco en el caso de Artículo 19, organización que toma su nombre a partir de ese mismo artículo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que se plantea: “Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, este derecho incluye la libertad de sostener opiniones sin interferencia y buscar, recibir y difundir informaciones e ideas por cualquier medio y sin consideración de fronteras”. Hace unos días, y no es una simple coincidencia o jugarreta del destino, su presidente, Leopoldo Maldonado, señaló que quienes integran dicha asociación han sido amenazados de muerte, han sufrido ataques y espionaje para amedrentarles. Según sus palabras, durante este año han sufrido 17 ataques —que los han colocado en un punto que nos debería preocupar mucho más—; situación que se tornó más peligrosa en la medida en que eran señalados desde la investidura presidencial como si fueran sus enemigos por vencer.
Sería interesante contabilizar el tiempo que ha dedicado el inquilino del Palacio Nacional, de manera específica, a señalar y atacar a los medios de comunicación y sus miembros: desde simplonas descalificaciones hasta la exposición de listas y datos de quienes se muestran críticos ante su gobierno. En el pequeño y maniqueo mundo tan característico de su retórica, el actual primer mandatario ha logrado implantar en sus seguidores y feligresía variopinta la idea de que, a partir del parámetro de su supuesta e intachable moral, aquellos que señalan la corrupción, los fracasos económicos y la terrible inseguridad que padece el país —por mencionar algo— son poco más que sus enemigos. Si dicho mensaje se cifra desde la máxima investidura gubernamental del país como parte de una estrategia de comunicación, la historia nos recuerda terribles pasajes que terminaron muy mal al desarrollarse ese mismo mecanismo.
Sin embargo, no necesitamos remitirnos a la memoria de los libros y los documentales: la violencia crece en la medida en que la impunidad se pasea muy oronda en todos los escritorios del aparato de justicia. Si bien cada miembro de la sociedad es susceptible de sufrir las consecuencias del clima de violencia que impera en cada rincón del país, quienes apuestan por mantener su derecho a informar y despertar ese espíritu crítico que tanto necesitamos, se han convertido en los frágiles hilos que sostiene la libertad. Así, desde estas simples palabras, nos solidarizamos con Ciro Gómez Leyva, los miembros de Artículo 19 y con quienes han sido señalados y señaladas desde el poder presidencial. Aunque sabemos que esto no es lo único que necesitamos hacer para generar el eco en una sociedad atrapada en su duermevela.
