Necesitarán vestiduras

Quienes vivimos en esta ciudad, el antiguo Distrito Federal, sabemos que, desde su origen, la Línea 12 del Metro ha sido un tema recurrente y claro ejemplo del actuar de los políticos en turno

Hay momentos en los que el silencio debería de ser contundente para arropar el dolor de la gente. Es frustrante que existan situaciones que no necesitarían de explicaciones porque, de manera simple y llana, no tendrían por qué ocurrir. Y mucho menos si han muerto personas que han sido víctimas de la omisión y negligencia de los responsables de una tragedia que se pudo evitar. La noche del miércoles 3 de mayo será imborrable para todas las familias que perdieron a una o uno de sus miembros, sufriendo la rabia y la impotencia, el dolor y la consternación que retuerce cada uno de sus corazones.

Cualquiera podría suponer que esta tragedia motivaría expresiones de diferente naturaleza para rendir homenaje a los fallecidos y brindar el apoyo necesario para sus familias, sin miramientos ni parafernalia. Sin embargo, lo ocurrido el miércoles en la Línea 12 del Metro ha puesto sobre la mesa una realidad que no deja de sorprender e indignar.

Quienes vivimos en esta ciudad, el antiguo Distrito Federal, sabemos que, desde su origen, la Línea 12 del Metro ha sido un tema recurrente y claro ejemplo del actuar de los políticos en turno. Cada noticia revelaba que su construcción exigía una revisión, bajo la lupa y el cuidado de quienes deberían colocar a la ciudadanía como el eje de todas sus preocupaciones. Para eso fueron elegidos y contratados. Sin embargo, la historia ha sido otra: en el centro gravitacional se encuentran esos personajes que sólo son capaces de medir la realidad a partir de su imagen política.

La forma en la que han respondido las autoridades y los políticos ante esta tragedia no nos debería de sorprender tanto en estas épocas. ¿A alguien le ha causado desconcierto la reacción de López Obrador? Digamos que su forma de responder es coherente si lo comparamos con el actuar de su partido —entre diputados y senadores: encubrir las responsabilidades de quienes forman parte de su militancia—. Para quienes gozan de cierta memoria, los nombres de Mario Delgado, Marcelo Ebrard y toda la pirámide que —se intuye— existe debajo de todos ellos debería estar muy presente, pues son quienes en su momento se llevaron todas las palmas. Y no olvidemos a Miguel Ángel Mancera, antiguo amigo de la cuadra.

Si López Obrador hubiera reaccionado de la misma forma con la que ha capitalizado políticamente —él y todos sus incondicionales— la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, estaría señalando con su dedito y la sonrisa socarrona a alguien cercano a él. ¿Esto no es culpa de gobiernos anteriores?

A López Obrador le resulta más importante promocionar un establecimiento para tomar un video o una fotografía para promover su imagen como alguien cercano al “pueblo bueno”, que mostrar empatía con las familias de las víctimas de esta tragedia. Pero sería como pisar los callos de sus acérrimos incondicionales. Y eso es imposible, aunque en su discurso se empeñe en decir lo contrario.

¿Cuál es la mejor estrategia? ¿A alguien le sorprende? Rasgarse, por enésima ocasión, las vestiduras. Victimizarse ante las circunstancias de la tragedia y lanzarse en contra de los “conservadores” y los medios de comunicación. Discurso que replican sus adeptos con la firmeza que les brinda la opacidad y el lugar común de las frases populistas. Y van por todos lados proclamando la buena nueva de que “politizar” una tragedia no está bien, aunque esa haya sido una de sus banderas y modus operandi durante años. Les harán falta vestiduras para seguir “construyendo” sus argumentos.

Lamentablemente, le seguirán apostando a la desmemoria de la sociedad. Vendrán otros escándalos. El Instituto Nacional Electoral otra vez. Las frases justicieras y otros motivos incendiarios que llenarán de polvo la tragedia de 26 seres humanos.

Ojalá que los tambores y trompetas que resonaron durante la noche del viernes en el lugar de la tragedia sean el inicio de otra realidad.

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