La cúspide de la frivolidad
Se apuesta por seguir estableciendo una feroz campaña en los medios, el recrudecimiento en los ataques a todo aquel o aquella que sea señalado como un “enemigo” y el dispendioen todo programa que condicione las preferencias electorales de la sociedad
Parece que en el año 2023 se llegará cada vez más lejos cuando se trate de frenar todo aquello que implique un riesgo para la imagen del actual gobierno federal o alguno de sus personajes más relevantes. Quizá se alcancen a observar nuevos rostros del absurdo bajo el principio de “al pueblo, pan y circo” –aunque, a decir verdad, sólo nos quedamos con el circo, porque el pan anda muy caro–.
Apenas termina el primer mes de este año y ya coleccionamos puntuales muestras de la energía que serán capaces de invertir –y recursos económicos, por supuesto– para que su etiqueta de Cuarta Transformación no termine como una promesa que, de tan simplista y fanfarrona, provoca más pena irrisoria que gloria.
Durante los casi cinco años de este gobierno, el deporte que más practica quien encabeza el Poder Ejecutivo es, vaya novedad, el de las promesas que endulzan los oídos de sus seguidores y fanáticos incondicionales. Algo que no resulta extraño para una sociedad que ha desarrollado su compromiso político a partir de discursos que se pierden en el mar del desengaño y el grotesco dispendio de los recursos públicos a través de los programas sociales. Quizá la más cómica es aquella que pregona la diferencia y la supuesta superioridad moral de este gobierno al compararse con todos los anteriores. O quizá, la más frívola de todas: el eterno anuncio de que “pronto” existirá un nuevo sistema de salud.
En efecto, lectora, lector, sólo creen en esto quienes se enorgullecen de la supuesta popularidad de López Obrador a nivel mundial y los niveles de aceptación que mantiene entre su propia grey. Pero, al comprar el resultado de las infalibles encuestas y los logros obtenidos de la presente administración sólo es indicativo de que se apuesta por seguir estableciendo una feroz campaña en los medios, el recrudecimiento en los ataques a todo aquel o aquella que sea señalado como un “enemigo” y el dispendio en todo programa que condicione las preferencias electorales de la sociedad. Es decir, la Cuarta Transformación es, en esencia, semejante a los sexenios de los casi ochenta años de administraciones priistas. La diferencia es que no hay día en el que no desarrollen su ficticio papel de eternas víctimas del pasado y de las conspiraciones universales para justificar sus fracasos y omisiones. Es como seguir viajando en el ficticio tren que parte del AIFA en medio del polvo. O inaugurar una refinería que, si corre con suerte, podrá generar sus primeros resultados en los próximos cuatro años. Y realizar una rifa para deshacerse de un avión que, por cierto, también se llegó a ofrecer como salón de fiestas. ¿Seguimos con ejemplos?
Por ello, en todos los niveles de gobierno –ya sea en el federal o en los estados en donde predomina el color guinda del partido oficial– se ha trabajado arduamente en consolidar aquello que implique un golpe mediático y mantenga esa popularidad que tanto preocupa al inquilino del Palacio Nacional, al costo que sea. No importa que esto implique que la división y autonomía que debe existir entre los tres poderes de la federación sea cada vez más frágil y, en ciertos casos, un simple planteamiento teórico: las palabras del actual titular del Poder Ejecutivo, que se escuchan todos los días en esa nueva tribuna que constituyó como el símbolo de su unívoco poder, son el reflejo de un presidencialismo que considera incuestionables sus dichos. Sin embargo, ese carismático talante no ha logrado posicionar con efectividad a quienes pretenden ser sus sucesores en portar la banda presidencial; por lo cual, se lanzan nuevas apuestas por la frivolidad que tanto gusta a la llamada “clase” política y a sus electores.
En ese sentido, no es extraño que durante este año se alcance la cúspide de la frivolidad para mantener, a cualquier costo, la imagen de las llamadas corcholatas o del propio Presidente de la República. Así, no sorprende que jugadores y exjugadores de futbol se pronuncien a favor de Adán Augusto López en las redes sociales. Tampoco que Claudia Sheinbaum aparezca acompañada de influencers como Eddy Smol o el personaje de El Escorpión Dorado o que ya se encuentre en las calles los muñecos con la imagen de Marcelo Ebrard. Ésa es la frivolidad que se diseña con precisión para que la gente mire hacia otro lado y pierda el foco de atención en temas que son cada vez más peligrosos –por ejemplo, el papel de la Fiscalía de la CDMX en el caso de las investigaciones de la tragedia en la Línea 3 del Metro de nuestra ciudad–.
Será un año en el que la frivolidad adquirirá otros niveles y nos acompañará, provocará todo, excepto risa.
