La conjugación del verbo mentir

Durante estos días observamos el triste espectáculo de quienes han intentado establecer la mentira más convincente o la verdad menos creíble.

No hay remanso posible cuando se intenta comprender qué sucede en el país. Nuestros estados de ánimo van de un extremo a otro, en un zigzag trepidante, al enterarnos de las muy diversas noticias que nos hablan acerca de la realidad en la cual vivimos —y sufrimos—. Pasamos de la tristeza al enojo de un renglón al otro, de la sorpresa a la incredulidad, de la preocupación a esa ligereza que es tan propia del conformismo. Toda esta suerte de catarsis tragicómica puede experimentarse en cuestión de minutos y, en definitiva, resulta abrumadora; sin embargo, no podemos desviarnos del punto medular que esto implica al subrayar la importancia de mantenerse informado acerca de lo que ocurre en el país, no mirar hacia otro lado y ser conscientes de que la realidad está muy alejada de los discursos políticos.

Si bien todos los sexenios nos han regalado numerosas páginas de sinsentidos y despropósitos, durante la presente administración parece que tienen una competencia por llevar cada vez más lejos su propia caricaturización.

Ya nadie puede sorprenderse de las reacciones, luego de cuatro años de gobierno de la llamada Cuarta Transformación, cuando se señalan las incongruencias del actual inquilino de Palacio Nacional o de sus personajes más cercanos: esa es justamente la efectividad de conferencias mañaneras, imponer el discurso y la perspectiva, desviar la atención acerca de lo más importante, desacreditar todo aquello que pone en riesgo la imagen de su gobierno y la popularidad que tanto aclaman. No importa si lo que se expresa en ese lugar es muy cercano a la mentira o una fantástica versión de la realidad que se simplifica en las frases “yo tengo otros datos” y “cambié de opinión”. Por cierto, no deja de llamar la atención el trabajo del Centro de Análisis SPIN que, en voz de su director Luis Estrada, ha llegado a contar los miles de veces en las que la falsedad, la mentira y la información poco comprobable son parte de una retórica que sostiene al actual sexenio.

Pero volvemos al subrayado: dicha perspectiva crítica se logra cuando existe un interés por la información, por realizar cuestionamientos que nos permitan observar a través de los entresijos de un discurso que sólo satisface a quienes mantienen una fe ciega en la figura presidencial y que es replicada por el corifeo de la teatralización. ¡Y vaya que en estas semanas surgieron ejemplos muy puntuales!

Durante estos días observamos el triste espectáculo de quienes han intentado establecer la mentira más convincente o la verdad menos creíble –como guste plantearse–, la que permita evadir todo rastro de responsabilidad y que no afecte los designios del primer mandatario. Desde el presunto plagio llevado a cabo por la actual ministra del a Suprema Corte de Justicia, Yasmín Esquivel, que nos ha permitido concebir la posibilidad de que el tiempo es una broma; pasando por la extraordinaria generosidad del “pueblo bueno” y algunos diputadas y diputados del partido oficial que se jactan de financiar la precampaña de Claudia Sheinbaum al colocar espectaculares con su imagen en todo el país; hasta la buena nueva de que en el 2023 nuestro sistema de salud será mejor que el de Dinamarca —ahora sí, que no quepa la menor duda—, aunque cabe preguntarse si la gente cree que, por ejemplo, la falta de medicinas o de insumos es algo normal en esos rumbos.

Así, mientras no se generen elementos contundentes para comprobar estos dichos, todo queda en palabrería sin fundamento. Discursos huecos y anodinos que manipulan buscan manipular con efectividad. Tal vez sea momento de recordar las palabras de la filósofa Hannah Arendt, quien escribió en su ensayo La mentira política: “Es esta fragilidad humana la que hace del engaño tan fácil hasta cierto punto y tan tentador. Nunca llega a entrar en conflicto con la razón porque las cosas podrían haber sido como el mentiroso asegura que son. Las mentiras resultan a veces mucho más plausibles, mucho más atractivas a la razón, que la realidad, dado que el que miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír. Ha preparado su relato para el consumo público con el cuidado de hacerlo verosímil mientras que la realidad tiene la desconcertante costumbre de enfrentarse con lo inesperado, con aquello para lo que no estamos preparados.” (Crisis de la República, Ed. Trotta).

Que estas líneas de Arendt sirvan como sugerencia de lectura para desenmarañar los hilos del populismo desde sus cimientos porque, tal vez, en este gobierno —como en tantos otros— el verbo mentir se conjuga con la facilidad de quienes saben que mañana el sol iluminará el páramo de lo ominoso.

Querida lectora, lector, te deseo, con toda mi gratitud, un estupendo año 2023, con lo mejor para ti.

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