La casa no pierde

Mientras en la Cámara de Diputados toda iniciativa presidencial se aprueba en fast track, gracias a la apabullante mayoría del partido oficial y sus aliados, en la de Senadores, —al menos por el momento— se cifraron varios mensajes que no pasan inadvertidos: el PRI está más dividido que un cristal roto.

Ha sido una semana intensa para el gobierno de la llamada Cuarta Transformación en materia de seguridad y en su vínculo con la realidad legislativa a la que se han enfrentado. Es claro que necesitaron desplegar todo su poder mediático y retórico para sortear ambas borrascas que, en perspectiva, son pequeñas muestras de que no todo se encuentra bajo su control y que evidencian las fracturas en su idea de ejercer un poder omnímodo.

Tal vez resulte un poco sorpresiva la forma en la que se votó en el Senado de la República en contra de la propuesta de que el Ejército permanezca en las calles, de manera formal, hasta 2028. Mientras en la Cámara de Diputados toda iniciativa presidencial se aprueba en fast track, gracias a la apabullante mayoría del partido oficial y sus aliados, en la de Senadores, —al menos por el momento— se cifraron varios mensajes que no pasan inadvertidos: el PRI está más dividido que un cristal roto y se necesita un poco más que la presión ejercida por el secretario de Gobernación para cambiar una votación.

Lo más curioso es cómo se han revelado las argucias de las que se han valido. Si bien esta iniciativa fue presentada en el pleno de la Cámara baja por la diputada priista Yolanda de la Torre, López Obrador se encargó de evidenciar que en realidad era una idea suya, una propuesta que tenía su origen en el mismo despacho del Palacio Nacional en donde se fraguó la militarización de la seguridad pública. Interesante contrapunto en esta jugada que profundizó aún más la ruptura del PRI que, mirando el vendaval muy de cerca, inician sus escarceos con el poder debido a la urgencia de permanecer entre las arenas del presupuesto. Ya la gracia de que la diputada De la Torre pidiera licencia para dejar su cargo por un tiempo indefinido es parte del humorismo involuntario que nos regala esa suerte de atribulado elenco de la política mexicana.

Por otro lado, tampoco es que en el PAN se ofrezcan platillos diferentes en el menú de su propia desgracia. Así lo dejó entrever el senador Raúl Paz, quien luego de que unos días antes mostrara su convicción acerca de no militarizar la Guardia Nacional, de manera repentina y prodigiosa, no sólo cambió de opinión ante dicho tema, sino que también se convirtió en un hilo del poder al constituirse como el comisionado nacional del partido oficial ante los empresarios. Sin embargo, en el río de noticias que implicó este movimiento, se observa cómo ese barco de papel que es el panismo también navega a la deriva, pues con ciertas personas se quiebran las convicciones que siempre han presumido.

Hay algo que tampoco puede ignorarse: las explicaciones de ambos representantes que, de una manera u otra, traicionaron el voto de sus electores y electoras, tiene puntos afines a las palabras del principal inquilino de Palacio Nacional. Es un discurso bien trazado con el que han intentado justificar el simple “cambié de opinión” que ha convertido a las Fuerzas Armadas en el principal socio del gobierno y que, por razones que aún generan mucha perspicacia, se pretende extender casi durante un sexenio más. No hay mejor alianza para este gobierno que la presencia y control de un Ejército en todos los puntos clave de su administración, lo cual le da un nuevo significado a la palabra y a su propia seguridad.

Así, en la retórica del discurso que se ha desarrollado en últimas fechas para justificar dicha militarización, hay grietas que no se resolverán con facilidad y eso ha quedado evidenciado. Por ejemplo, ante la presentación de estadísticas por parte del periodista Jorge Ramos en la mañanera, en la que señala al presente sexenio como el más violento e inseguro en comparación con los anteriores, la respuesta del Presidente es una muestra de cómo ha manipulado todo tipo de cifras a su arbitrio —¿cabrá preguntarse acerca de las cifras de la pandemia?—, con interpretaciones que son del gusto de sus simpatizantes y convertirlas en algo que “cae como anillo al dedo”.  Ejemplos sobran: si muestra como un logro la cantidad de dinero que reciben las familias mexicanas en las remesas, algo anda muy mal. La casa no pierde, pues coloca la discusión en el tablero del populismo al proponer a una nueva “consulta” en la que el pueblo bueno será una ficha con la que presionará al Congreso y, qué duda cabe, podrá culpar a la oposición de la creciente inseguridad en los siguientes años. Una carta en la que controla la percepción de sus simpatizantes.

 Sí, la seguridad podría definirse con el eco de esas tres preguntas que están diseñadas para capitalizar su pretendida popularidad y la exigencia de una seguridad que hoy ha sido un rotundo fracaso. 

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