Geometría de la artimaña
Ante los cuestionamientos acerca del espionaje a Raymundo Ramos, entendimos que, en gobiernos pasados, el ejército espiaba a civiles y activistas; pero que, gracias a la venia de“la transformación”, eso mismo se ha convertido en una simple “investigación”
Hace unos días, durante la llamada Conferencia Mañanera, se reveló uno de los principios más contundentes acerca de la retórica del primer mandatario. En primera instancia, la frase parece una alusión a la teoría poética que nos conduciría a preguntarnos si, en realidad, se trataba de un guiño a sus lecturas de las vanguardias que revolucionaron la literatura, y el arte en general, durante la primera mitad del siglo XX. Más de uno, quizá, contuvo la respiración ante ese chispazo que ponía de manifiesto una sensibilidad más allá de sus típicas referencias frívolas de cantautores que tuvieron su brillo en los años sesenta o setenta del siglo pasado o, quién lo podría olvidar, al famoso tabasqueño Chico Che. Sin embargo, esa pasajera ilusión era apenas un fuego fatuo cuya luz sólo logró iluminar el lugar común del engaño.
Ante las preguntas de dos reporteras, cuyos medios de comunicación han sido catalogados por López Obrador como rivales de su llamada Cuarta Transformación, acerca de la intervención del FBI en el caso de las y los ciudadanos estadunidenses desaparecidos en Tamaulipas, la respuesta no se hizo esperar: “Decimos algo indebido y tú no actúas de mala fe, tú mandas tu informe, pero López-Dóriga o Ciro, o cualquier otro de los que trabajan ahí, en Radio Fórmula, porque todos están en contra de nosotros, están buscando nada más las podridas, ya ahora hasta hablo más despacio que de costumbre, porque tengo que cuidar mis palabras, es geometría del lenguaje y no hablo de corrido”. Como se puede deducir, a partir de una primera lectura, el espejismo de una frase tan elaborada sólo podía referirse a dos de las principales características de su discurso.
Así, la “geometría del lenguaje”, se constituye como una simple alusión a la velocidad de su pronunciación –una de las mayores pruebas acerca de la legendaria capacidad del mexicano para soportar las adversidades– y, por supuesto, a la manera en la que administra la información en ese ejercicio que se ha presumido como el más relevante en la rendición de cuentas y transparencia de la actual administración. Sin embargo, la realidad de lo que ocurre en ese espacio dista mucho de esos objetivos que tanto enorgullecen a su incondicional feligresía. En la definición de esa geometría se configura una retórica del engaño, de la opacidad, de la chabacana soberanía nacional y de un constante ataque a los medios de comunicación y a todo aquel o aquella que no siga el guion que él mismo ha dictado desde su tribuna populista o su tan anhelado púlpito de la moral en turno.
Geometría que le ha permitido denostar y tomar decisiones bajo la promesa de una transparencia que, en el mejor de los casos, se convierte en la proyección de estadísticas a modo o una interpretación que no le valdría una nota aprobatoria en cualquier curso elemental de dicha materia. ¿Llegará alguna vez la información en la que se basó para tomar la decisión de desaparecer los fideicomisos o lo que ha provocado la escasez de medicinas en todo el país? ¿La administración de las vacunas que ha puesto en jaque el programa que era de los más sólidos en nuestro continente? No nos debemos preocupar, seguramente volverán a aparecer como parte de esas promesas de campaña a las que nos tiene muy acostumbrados.
Geometría que tiene un vértice en los gobiernos panistas o en las simplonas comparaciones con personajes y otras épocas de la historia de nuestro país. Siempre será curioso recurrir a Porfirio Díaz como el epítome de la maldad, cuando a Bartlett se le ha glorificado de manera oficial entre los salvaguardas de la democracia. Sin embargo, se debe resaltar que, en ese término tan peculiar, también se asoma el mecanismo que se puso en evidencia el día viernes: la agenda y los coros en altavoces.
Ante los cuestionamientos que se construyen con seriedad, lo que se pregunta con el fundamento de la investigación y la exigencia por realizar un ejercicio de transparencia, una vez más, la geometría del lenguaje: ante los cuestionamientos acerca del espionaje a Raymundo Ramos, entendimos que, en gobiernos pasados, el ejército espiaba a civiles y activistas; pero que, gracias a la venia de “la transformación”, eso mismo se ha convertido en una simple “investigación”. Nada es lo mismo, pero todo es igual en una retórica de la artimaña y la complacencia ante los malabares de ese nuevo diccionario de un gobierno que no ofrece respuestas, sólo garabatos maniqueos.
