Eufemismos

Mientras comparto la lectura de estas palabras, un ser humano intenta cruzar la frontera que separa a los países centroamericanos de un país que se ha constituido comouna pared casi imposible de franquear

Hay imágenes que nos golpean en el espíritu y quedan en la memoria como el recuerdo de algo que necesita ser explicado. Las fotografías y videos que muestran a la Guardia Nacional dirigiéndose a un grupo de indocumentados centroamericanos, caminando con la seguridad de quien posee la eficacia del poder, han provocado reacciones que no debemos tomar a la ligera. Dichos momentos parecían la recreación de un enfrentamiento que se cuenta en las historias de los pueblos. Es la fotografía de varias decenas de hombres que, a la espera de un cuerpo militar perfectamente entrenado y equipado, se enfrentaba a su propia suerte, otra cara de la miseria de la que huyen. Pero no existe ninguna historia épica que pueda contarse con la soberbia de los vencedores: detrás de esas imágenes solamente pueden evidenciarse la miseria y la incongruencia de un gobierno que, en otras épocas –cuando era la oposición a las políticas gubernamentales que consideraba autoritarias–, abanderó la defensa de los inmigrantes como causa propia. Era normal –y, ciertamente, indispensable– escuchar las voces que exigían el respeto a los derechos humanos de quienes buscan llegar a los Estados Unidos. Voces que han enmudecido ante el servilismo político del que forman parte.

En la actualidad, las imágenes y los videos dejan poco margen para la libre interpretación: basta un dispositivo electrónico para capturar aquello que se trata de evidenciar. Ya no se trata de un golpe de suerte: basta mirar con atención para que la realidad desvele sus claridades y miserias. Así, dicha perspectiva, en cuestión de minutos y bajo las condiciones tecnológicas adecuadas, puede ser difundida de manera masiva en toda plataforma digital. Es por ello que los diversos medios de comunicación han comprendido aquello que el actual gobierno no termina de asimilar: una atenta cobertura de las redes sociales puede brindar mucho material para enriquecer su agenda. Sabemos que el internet se ha convertido en un arma de doble filo para todo gobierno y, principalmente, para quienes pretenden imponer su discurso totalizador bajo el amparo de los eufemismos. No puede existir otra manera de nombrar la realidad si las palabras no son el reflejo de aquello que se alinea al discurso oficial.

Así, durante esta semana, hemos observado con tristeza lo que ocurre en nuestra frontera sur. El tiempo verbal no es gratuito: mientras comparto la lectura de estas palabras, un ser humano intenta cruzar la frontera que separa a los países centroamericanos de un país que se ha constituido como una pared casi imposible de franquear.

Sus ilusiones por alcanzar nuestra frontera norte se estrellan, en primera instancia, con un cuerpo armado que cumple las órdenes de una agenda diplomática establecida por el nuevo gobierno.

Por ello, mientras, en la frontera sur se levanta un muro con los ladrillos colocados por nuestra política exterior, la xenofobia y el clasismo.

Resulta perverso suponer que esto lo saben muy bien los nuevos funcionarios del gobierno: muchos de los reclamos que exigen el respeto a los derechos humanos de los inmigrantes pasarán inadvertidos y, quizá, serán silenciados ante la apatía de nuestra sociedad.

En fin, son centroamericanos, no mexicanos que intentan cumplir su propio sueño americano. Si a Porfirio Muñoz Ledo, quien se atrevió a levantar la voz ante la titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en la máxima tribuna del país, le apagaron el micrófono sus correligionarios políticos, es desalentador imaginar que otras voces críticas no tendrán la fuerza necesaria para señalar la contradicción que practica este gobierno.

Así, a río revuelto, eufemismo de pescadores: con cuánta facilidad se disfraza la realidad con términos que aluden a la legalidad, pactos internacionales y ayuda humanitaria.

Pero las imágenes nos hablan de una violencia que no cumple los principios de ningún pacto internacional. La migración es un fenómeno social que no se resolverá con lo que hemos presenciado durante estos días.

Sería un error pensar que los migrantes centroamericanos no son un problema que también debe afrontar nuestro país. Su pobreza es semejante a la nuestra: la inseguridad, la precariedad y un futuro incierto son condiciones que también motivan a nuestra gente a someterse al maltrato y el peligro que implica la frontera norte. Somos un espejo que se empaña con su propia tristeza.

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