Época de regalos
La “no intervención” sólo aplica cuando se afecta a miembros de gobiernos considerados aliados para el actual régimen
Vaya que es un momento de recibir todo tipo de regalos, de gozar del privilegio que implica recibir aquello que, quizá, no se hubiera imaginado. En ese sentido, también es momento de agradecer el gesto, de sonreír y disfrutar de aquello que implica aprovechar la naturaleza del regalo. Y tampoco hay regalo pequeño y que se menosprecie cuando ese privilegio llega a “empatar” con la necesidad de solventar algo que se requiera en un momento preciso.
Así, pocos estarán tan felices, como en el actual gobierno, ante el regalo no tan sorpresivo de su nuevo héroe, la encarnación de don Masiosare, el presidente Donald Trump. En efecto, el obsequio que han recibido no resulta ser algo tan inesperado, pues, desde hace algunos meses, el mandatario estadunidense ha puesto en la mesa serias amenazas de carácter económico y político que le han brindado la oportunidad al oficialismo, y a los diferentes engranajes de la comunicación gubernamental, de consolidar un discurso que siempre les resulta oportuno emplear cuando las circunstancias lo ameritan. Nada tan efectivo, para gran parte de la sociedad mexicana, que orientar la narrativa y la retórica con la firme intención de capitalizar el patrioterismo y ese nacionalismo vestido de charro que derrama tequila y mezcal a su paso.
Nadie debía tomar a la ligera ni menospreciar las palabras de Donald Trump, tal como sucedió con la bravuconería del tropicalísimo dictador Nicolás Maduro. Ni en México ni en Dinamarca. Lo interesante es observar lo que sucede en nuestro país con esas declaraciones, las reacciones que se van suscitando y el tipo de respuestas que van configurando la personalidad y el interés de cada gobierno ante las amenazas y el antecedente de lo ocurrido en Venezuela. Así, en nuestro caso, ante los amagos e intimidaciones provenientes allende el Río Bravo, se han encendido las poderosas mechas de los fuegos artificiales y las intimidantes luces de bengala.
Es claro que era obligado y pertinente brindar una respuesta acorde a la soberanía y la diplomacia, que solía ser un motivo de orgullo a nivel internacional –por cierto, resulta curioso que, desde hace algunos años, la retórica de la “autodeterminación de los pueblos” y la llamada “no intervención” sólo aplica cuando se afecta a miembros de gobiernos considerados aliados para el actual régimen–. Sin embargo, algo no cuadra ni hace mella en la dimensión de las respuestas: el vacío y el sinsentido terminan por imponer el silencio y su sonrisa llena de socarronería, pues no hay declaración oficial que se pueda aislar del contexto y la incómoda realidad que define lo cotidiano en el país.
Así, de poco sirve que la retórica y la narrativa oficial encienda los fuegos de artificio tan comunes en el patrioterismo chabacano, motive el desgarre de vestiduras al estilo melodramático de las películas de la época de oro, cuando se observa que el imperio de crimen organizado y la corrupción se han consolidado como una amalgama en la que patinan de manera acrobática y olímpica gran parte de quienes conforman la cortesilla política del país. No es un asunto de felices estadísticas, es poner en evidencia que ese Masiosareunextrañoenemigo, al que se le pregona desde el oficialismo y todo el andamiaje de su corifeo, es factible porque el discurso soberanista termina por envolver y colocar en un segundo plano los señalamientos, las evidencias y el cinismo del actual régimen cuando se señalan sus incongruencias y mucho más. ¡Qué buen regalo del mandatario norteamericano!
Es claro que se debe mantener una firme postura ante cualquier tipo de amenaza, pero no ante la incongruencia que se percibe en el aire que se respira entre cada palabra, entre cada párrafo de un discurso que sólo pretende observar hacia afuera, pues ha dejado de ser posible ocultar el polvo debajo de las alfombras. Hay tanto polvo en la Dinamarca de Hamlet, que ha terminado por ser parte de ese paisaje que tanto nos recuerda a la desolación de tantas narraciones literarias de autoras y autores mexicanos de mediados del siglo XX.
Quizá esa pretendida soberanía sólo sea una entelequia que se sostiene por delgados hilos que se enredan ante el terrible ciclón que desata elemental traición a la sociedad, a un país, es permitir que la barbarie de la violencia, la normalización de la corrupción, la impunidad y la muerte sigan imponiendo sus fueros sin reparo alguno.
Tal vez podríamos comenzar por replantearnos qué es aquello que pretendemos defender y dejar de tolerar. Lo fácil es combatir las conspiraciones galácticas.
Sí, que no se deje de insistir, hay muchas, muchas tareas por delante.
