Entre la apuesta y el desencanto
El Estado de México se presenta como la entidad que podría ser el bastión electoral y económico con miras a los comicios del próximo junio de 2024.
La discordia social es como una venenosa serpiente que va royendo las entrañas de la riqueza común.
Enrique VI, William Shakespeare
Se acerca la fecha del primer gran reto para los partidos políticos, de oposición y el oficial –junto con sus satélites– y la ciudadanía. Dos elecciones estatales que nos revelan diferentes rostros de lo que podría ser el escenario rumbo a las contiendas federales del 2024 y, sin sorpresas, en las que aún hay piezas del rompecabezas que no terminan por embonar. Por supuesto, los comicios que se llevarán a cabo el próximo domingo en el Estado de México y Coahuila, también serán un termómetro para el gobierno de la llamada Cuarta Transformación. Cada quien podrá sacar sus propios análisis y conclusiones de algo que, sin duda, será el reflejo de la estatura política de nuestro país.
Por un lado, en Coahuila, se deja en claro que las pugnas internas en el partido oficial están a la orden del día y en cualquier momento podrían quebrar los delgados hilos que sostienen su afamada unidad. Las rabietas y los intereses personales podrían definir las aspiraciones de las llamadas corcholatas, que aspiran a ser ungidas y revestidas con el manto presidencial que López Obrador se ha encargado de zurcir a su propia medida. La mejor campaña de Manolo Jiménez ha sido el abierto enfrentamiento entre Ricardo Mejía y el pintoresco Armando Guadiana, la cual, durante estos últimos días, se ha recrudecido gracias a los ataques orquestados desde las redes sociales en favor del candidato oficial. Así, resulta que en el poder monolítico instaurado durante este sexenio hay grietas que no se subsanan con facilidad. Y queda claro que el enfrentamiento de egolatrías entre Sheinbaum, Ebrard, Adán Augusto, Monreal y Fernández Noroña es como un juego de espejos en medio de un terreno minado.
En otras latitudes del rompecabezas que se extiende frente a nosotros, el Estado de México se presenta como la entidad que podría ser el bastión electoral y económico con miras a los comicios del próximo junio de 2024. Por ello es mucho lo que se pone en juego y lo por lo que se ha apostado de manera especial. A nadie le resulta extraño percatarse de que el gobierno federal elevó sus miras y los recursos del Estado para consolidar la campaña de una candidata que, en otras circunstancias, no tendría la menor posibilidad de triunfar. No se trata solamente de la personalidad de Delfina Gómez, sino también de aquello por lo que ha sido señalada: participar en actos de ilegalidad y opacidad. Sin la milagrosa tutela del inquilino de Palacio Nacional, especialista en absolver los pecados de sus más cercanos, dicha candidatura no sería el ejemplo de las estadísticas que tanto se presumen. En dicho contexto, Alejandra del Moral no sólo ha abanderado los primeros ensayos de una coalición opositora con miras al próximo año, sino también se ha enfrentado al lastre histórico del PRI y que se ha agudizado gracias a la cuestionable dirigencia de Alejandro Moreno. Ya pronto se podrá observar si Del Moral y los operadores de su campaña fueron capaces de amalgamar las diversas piezas que fragmentó el actual gobernador del estado. Lo que es impostergable es la urgencia de la oposición por crear un discurso que proponga algo diferente a los simples lugares comunes y que, además, se aleje del encono y las disputas arrabaleras en las que no podrán ganar ninguna batalla. Al parecer, no hay mejor vía que una coalición para enfrentarse a una elección de Estado que es cada día más evidente. ¿Se aprenderá lo suficiente?
Mientras tanto, ¿cuáles son las piezas que la sociedad tiene entre sus manos? Aquellas personas que observan con recelo una campaña y otra, los que no salen a levantar banderines ni han regalado su integridad y decencia por las generosísimas dádivas gubernamentales. Las que miran las estadísticas de las encuestas y sonríen porque saben que cada número no es aquello que refleja su preferencia. Ciudadanas y ciudadanos que, quizá, guarden por un momento el desencanto en el rincón de su armario y sean capaces de definir el rumbo de dichos comicios. Es posible que ellos y ellas coloquen las piezas que faltan en este primer rompecabezas en el que los augurios podrán ser simples anécdotas.
No cabe la menor duda de que el mayor aprendizaje de este proceso electoral lo obtendrá la ciudadanía, pues las exigencias de justicia, paz, seguridad, combate a la corrupción y al crimen organizado, de un sector salud que no sea la antesala del infierno, una verdadera política de conservación del medio ambiente y un proyecto de educación que no esté sujeto a ideologías trasnochadas, todo esto, comienza en las papeletas electorales. Ya veremos si sólo se logró abonar el terreno de la discordia.
