Cuestión de perspectivas
Como en un juego de tres bandas, dicha acción podría formar parte de la urgencia del gobierno mexicano por mostrar una preponderancia que se había opacado como resultado de una estrategia de seguridad nacional que despertaba más humor involuntario que tranquilidad.
En el juego de las obviedades, la sorpresa no parece tener mucha relevancia. Hay acciones que no son producto de arrojar los dados y jugar con la suerte, en especial cuando se trata de entender el contexto político de nuestro país al iniciar un año que es decisivo para el futuro del actual gobierno.
Baltasar Gracián, pensador español del siglo XVII, escribió que “todo lo dora un buen fin, aunque los desmientan los desaciertos de los medios”, frase que aparece en uno de sus libros más reconocidos, el Oráculo manual y arte de la prudencia. Dichas palabras son como la nota al margen de un segundo capítulo que se escribió el jueves pasado: la nueva captura de uno de los líderes del crimen organizado, Ovidio “N”, en el estado de Sinaloa. Si bien resultó una noticia sorpresiva durante el amanecer, bastaron unas cuantas horas para que nos enteráramos de que algo muy grave estaba ocurriendo en Culiacán y otros poblados; mientras tanto, durante la conferencia mañanera, quien ostenta el cargo más importante de la República no brindaba ningún tipo de información, ni mucho menos una certeza. Inclusive, parecía ajeno al exitoso operativo llevado a cabo por las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional. Si acaso fue una estrategia para desviar la atención, generar tal vacío y ser un motor de dudas no es algo que favorezca en medio de tanta incertidumbre.
Sin embargo, más allá del desempeño en la comunicación gubernamental que, lo sabemos, es un mar de contradicciones y ambigüedades, nadie será capaz de contener el huracán de preguntas que suscita este hecho. Tal vez una primera es, ¿qué cambió entre el año 2019 y el 2023? O tempora o mores, escribió Cicerón en su primera Catilinaria. ¿Qué dista entre aquel primer mandatario, que no titubeó en declarar que él mismo había ordenado la liberación de Ovidio “N” cuando se le capturó por primera vez, al que durante estos días se ha mostrado en un segundo plano y sin ese espíritu beligerante que lo caracteriza?; claro, no sólo han transcurrido los años: llaman a la puerta asuntos de mucha relevancia en el devenir de su llamada Cuarta Transformación. Es la suma de todas las bengalas que brillan en medio de una tormenta que ya se anuncia en los radares del ámbito político y económico del país.
Quienes plantean que este hecho se puede explicar, de manera simbólica, como una consecuencia de la visita del presidente norteamericano Joe Biden en el marco de la Cumbre de Líderes de América del Norte, tienen argumentos de sobra que generan la suspicacia de los menos avezados en el tema: dicha conjetura toma cierta fuerza cuando la historia nos habla que las casualidades, en este ámbito, no existen. Por otro lado, y como en un juego de tres bandas, dicha acción podría formar parte de la urgencia del gobierno mexicano por mostrar una preponderancia que se había opacado como resultado de una estrategia de seguridad nacional que despertaba más humor involuntario que tranquilidad. Al parecer, los abrazos han quedado en el recuerdo en una retórica que, durante cuatro años, generó serios cuestionamientos con respecto al papel de las Fuerzas Armadas, como si se tratara, específicamente, de un mero artífice en la construcción de las obras insignia del presente sexenio. O, tal vez, sea un revulsivo para limpiar el rostro de un gobierno que, en materia de la lucha contra el crimen organizado, se había mostrado timorato y, por decirlo de alguna forma, indulgente: por ejemplo, en nada se compara el tiempo que ha invertido en atacar y denostar a periodistas que el destinado para hablar, con seriedad y fundamento acerca de los resultados obtenidos en ese rubro. ¿Será momento de nuevas apuestas? No es gratuito suponer que comienza a vislumbrarse lo que implicarán los futuros procesos electorales. A río revuelto, todo es factible y una simple cuestión de perspectivas.
No obstante, más allá de las elucubraciones que se han generado, necesitamos detenernos un poco en lo que padecieron los habitantes de Culiacán y las poblaciones en las que se llevó a cabo dicho operativo. El terror que se experimentó es apenas un parámetro de la violencia que se ha sembrado durante décadas en todo el país: las imágenes que circulan en los medios de comunicación apenas dejan entrever el peligro y la amenaza que se vive día con día. Sí, es desolador pensar en la población más vulnerable, niños y niñas, jóvenes, bajo la amenaza de las armas y de la muerte; así como la terrible incertidumbre y el desasosiego que nos envuelve cuando nos preguntamos qué es lo necesario para que todo esto llegue a buen puerto. Pero que no se quite el dedo del renglón: la educación debe ser el primer escalón con el que se traza el camino.
