Unidas
Las cuotas de género han permitido deshacer trabas y llegar de manera menos complicada a puestos de la administración pública.
Hoy celebramos y conmemoramos el Día Internacional de las Mujeres. Este día que, año tras año, ha cobrado más importancia y se ha convertido más que una jornada, en una ocasión para hacer visible una lucha de todos los días, marchar y caminar hacia adelante en el largo sendero de la defensa de nosotras mismas.
Para los sensacionalistas y cortoplacistas hay un estigma que pone en duda un movimiento que ha tenido alcance mundial y que ha logrado hacer cambios sociales, visibilizar problemáticas, concientizar, incluso crear nuevas legislaciones y castigar con justicia a hombres perpetradores.
Al principio del texto se usaron dos palabras con intención: celebrar y conmemorar, aunque no nos gusta que nos feliciten en este día, nosotras sí queremos celebrar los logros que hemos alcanzado, pues son innegables los avances consolidados en materia de educación, trabajo remunerado, participación política y reconocimiento de la violencia de género. Al mismo tiempo, conmemoramos a aquellas que en el pasado fueron la chispa que encendió el fuego en nosotras para hoy alzar la voz, desde las ilustradas de la Revolución francesa y la Declaración de los Derechos de la Mujer y las sufragistas que fueron incansables para darnos el derecho de voto, conmemoramos también a las que hoy nos faltan y a las jóvenes que salen valientes a exigir justicia.
Nuestro movimiento va y avanza, nuestro movimiento es fuerte, actual y vigente. Revisemos algunos ámbitos. En el educativo, no solamente la matrícula universitaria de mujeres ha ido en aumento en los últimos años, sino que la presencia de nuestro sexo en el profesorado y personal de investigación también ha crecido. Las cuotas de género han permitido deshacer trabas y permitirnos llegar de manera menos complicada a puestos de la administración pública en donde nuestros talentos y visión particulares han marcado la diferencia, y a través de los cuales también se ha impulsado nuestra agenda feminista en el día a día de muchas dependencias.
Hechos más tangibles como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que tipifica tipos de violencia como la física, psicológica, patrimonial, económica y sexual, o la Ley Olimpia, que busca sancionar los delitos que violenten la intimidad sexual de las personas a través de medios digitales, son otras de las respuestas que podemos dar a aquellos incrédulos que se atrevan a cuestionar.
Todo esto, en su conjunto, también nos dota de un consciente colectivo de solidaridad y sororidad que tiene como resultado, desde una participación más segura y activa en calidad y cantidad en todas las esferas de la vida social hasta impulsarnos a alzar la voz en cualquier caso de barbarie, como los que ya hemos visto o experimentado, nos ha hecho más valientes al ser agresivas sin violencia, al amenazar a cualquiera con injusticia, con exhibirla, con gritar hasta ser escuchadas. Nuestro impacto ha sido tanto en el plano individual, como en masa.
Nos ha unido y nos ha mantenido así, unidas. Ha logrado solidarizar, amalgamar y hacer de nosotras el sexo fuerte, que habla, que ya no tiene miedo, que se protege, un frente unido que seguirá caminando y marchando por muchos años, de nosotras para nosotras mismas.
