Siglo en la sombra

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Hiperbolismo. El espacio infinito, el universo entero, encerrado en un balón de futbol, durante 39 días. En un arco de tiempo desde que Felipe El Diente Rosas, del Atlante, se convierte en el primer futbolista de la historia en rodar el balón en el saque inicial del juego Francia-México, 15 horas del 13-07-1930, estadio Pocitos de Montevideo, con resultado adverso 4-1, al 11 de junio de 2026, carente de un crack —acaso el mejor, Raúl Jiménez, al concluir el Mundial regresa a un once inglés de 2a división—, la Selección, adorada por el pueblo, no ha roto el cascarón, dar el salto y situarse en un primer plano internacional. En el antecedente, el arquero mexicano Óscar Bonfiglio fue el primero en recibir un gol y Juan El Trompo Carreño, en anotar. Época en que se viajaba de Veracruz a NY en barco para navegar desde ahí al hemisferio austral; un mes de viaje. En casi un siglo a la deriva, de protagonizar un papel secundario, de color pardo estridente, irrelevante, ha logrado 2 veces los cuartos de final, 1970 y 1986. El futbol mexicano es un gigante local con pies de barro sumergido en un barril de oro porque su estructura fue diseñada como máquina de fabricar dinero, al estilo codicioso de la FIFA, sin ambición ni interés por elevar su perfil agonal. Nadie mejor que Manuel Seyde, célebre periodista de Excélsior, al interpretar y etiquetar con precisión el futbol como La fiesta del alarido; lo que merece mayor atención. En su columna Temas del día sacudía como huracán a las palmeras, a países tropicales, al asegurar que jugaban con balón cuadrado; a los jugadores del Tri los identificó como ratones verdes. De Montevideo 1930 a Qatar 2022, sus actuaciones son semejantes, pan esponjado, con tonalidades ondulantes en la percepción de aficionados y medios de comunicación: el gol de Belmonte en Solna 58, el primer empate ante Gales que conmovió al país; el 3-1 a Schrojf cuando Checoslovaquia había calificado; el optimismo rampante en candidez en Argentina 78, Túnez, Alemania y Polonia, la rociaron de cuero, 12-2  goles; aquella tanda de penales, el 5 de julio, en el México-Bulgaria 94, cuando Mejía Barón desestimó que participara Hugo Sánchez…, tantos episodios; excesos de emoción, de vulgaridad e indignación de aficionados y medios, y la oncena, sin salir de la sombra. Explicaciones, decenas de hipótesis en la pantalla de cristal, mezcla de estridencia, arrebatos y pugna de egos. Con sus excepciones, una gran mayoría se cubre los ojos con una venda que le impide percibir el bajo nivel de calidad del Tri. No es el 4-3-3 ni el 4-2-4 de Feola, no son los esquemas, en la cancha prima la destreza, forma física y técnica de los jugadores ni el complejo de inferioridad ni el pánico escénico ni los malditos penales ni los cambios, etc., sino la calidad de 2ª que no se desea detectar ni ver ni admitir. México exhibió sus limitaciones, corto de ideas, en la victoria ante Sudáfrica, equipo modesto, rudimentario. La historia de este Mundial puede escribirse el 5 de julio si el Tri ocupa el primer lugar de su grupo y gana el 4º juego, en su probable choque contra Inglaterra.