Imperfección del ojo

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

La rapidez es fascinante. El planeta viaja en el espacio con una velocidad de 30 km por segundo (y la luz a 299,792,498 Km/seg, lo que representa siete vueltas y media al Ecuador en un segundo). Hoy, el metro tiene otra definición. Medir es comparar y nos sirve de referencia para tener una idea acerca de algo. En ciencia y deporte, a través de libros y lectura de periódicos, nos hemos relacionado con los números. Los números en deportes de apreciación, aun cuando aparezcan con décimas, no son exactos, son de lo más subjetivo, pero necesarios, dan una idea, aunque imperfecta, pues es imposible en clavados, gimnasia, boxeo, transformar una impresión sensorial a número. Al leer la información de las 500 Millas de Indianápolis —los Panamericanos de 1987 se inauguraron en la pista Motor Speedways; recuerdo que pergeñé una de mis notas con el tradicional grito, emocionante: Gentlemen, start your engines!— me despertó la curiosidad por conocer el tiempo total del vencedor; que en realidad carece de valor absoluto. La pista de Indianápolis, inaugurada el 12 de agosto de 1909, originalmente de piedra caliza triturada, grava, alquitrán y aceite, no soportó la presión de los vehículos y la tragedia la ensombreció con cinco muertes; se reconstruyó. En 1961 fue recubierta de pavimento de asfalto, es una elipse de 2.5 millas de longitud (la milla equivale a 1,609.3472 m según el Lefax). Los pilotos, en la pugna de 500 millas (804.6736 km), cumplen 200 vueltas. En la meta, como emblema de tiempos antiguos, se dejó una franja de una yarda de ladrillo. Es tradición que el triunfador le dé un beso al ladrillo. El tiempo total es relativo porque está en función del número de banderas amarillas que se requieren. El vencedor, el sueco Felix Rosenqvist, de la escudería Meyer Shank Racing, con motor Honda, señaló 2 horas con 37’19” 3846. Cuatro pilotos más, entre ellos el mexicano Patricio Pato O’Ward, del equipo Arrow McLaren, con motor Chevrolet, en cuarto lugar (a +0.42712), cruzaron la meta ¡en menos de medio segundo! Competencia espectacular, apasionante, comunicadora de electricidad en cuerpo y alma. Combinación de potencia, tecnología, destreza, desgaste nervioso, concentración mental, enorme valor. La pista está diseñada para un máximo de 33 bólidos. En 1979 y 1997 se autorizaron 35 autos. El ojo humano no discierne acontecimientos menores a 1/3 de segundo. Es imposible contar el número de aletazos de un colibrí o un himenóptero. La tecnología ayuda con sistemas electrónicos en natación, atletismo, en tenis con el ojo de halcón a aceptar lo que el ojo humano, por su deficiencia e imperfección, no puede valorar ni apreciar. Escucho brevemente en la televisión un insulso comentario, incompetente, inquisitorial, en altos y grotescos decibeles, acerca de que el VAR (Video assistant referee) provoca más problemas que resolverlos. No, no es el VAR, es lo limitado del ojo humano. Y lo deficiente de la percepción humana de valorar en dos planos y en la TV un acontecimiento que ocurre en tres dimensiones. (I)