Desde niño, Olegario Vázquez Raña prendió en su alma la semilla del esfuerzo, fue un hombre comprometido a servir causas nobles, aprendió a amar y a respetar; su familia fue el eje e inspiración de su vida. Mañana 28 de marzo se cumple un año de su desaparición física. Durante tres días, hace un año, ondeó en Lausana a media asta la bandera del COI en reconocimiento a sus cualidades morales, a la sabiduría de su prudencia y contribución dinámica, transformadora, en el tiro olímpico y en los cinco aros universales. Tenía nueve años de edad cuando su papá, don Venancio Vázquez Álvarez, le encargó responder el teléfono que la compañía Ericsson instaló en la mueblería de Zarco 118, en la Guerrero. Su tarea consistía en contestar las llamadas e ir a avisar a los vecinos. Una mujer lo gratificó con un peso. Su primer sueldo. La experiencia lo alertó en los negocios. Aprendió a “ver a los ojos de las personas y a darse cuenta de lo que pensaban”. Veía, observaba y actuaba.
En 1967, cuando los resultados de tiro tardaban cerca de tres horas en darse a conocer, asistió con la selección de México a Rumania. Le deslumbró la organización semejante a unos pequeños Juegos Olímpicos e, inspirándose en ella, creó el Torneo Internacional Benito Juárez, que atrajo a los mejores del planeta. Era líder en la acción. Asistió a cuatro JO, Tokio 64, México 68, Múnich 72 y Montreal 76. Su pasión y alta clase agonal lo llevaron a competir en 5 centroamericanos, 4 panamericanos, 5 campeonatos mundiales y 18 campeonatos nacionales consecutivos, de 1961 a 1969. Sencillo, amable, era dueño de una voluntad inquebrantable —arquitecto de su propio destino, como lo expresó Nervo— que fortaleció en el crisol de la disciplina diaria, en los entrenamientos, en su espíritu de tenacidad, lucha y superación, en infatigable búsqueda de la excelencia. En el campo deportivo batió el RM en rifle de aire, brilló en Match inglés.
Como presidente de la FI de Tiro Olímpico (1980-2018), ante la incredulidad, le comunicó la modernidad tecnológica instantánea con pantallas electrónicas; los espectadores recibían en directo puntuaciones, resultados. Con visión, incorporó a las mujeres en el tiro deportivo a la esfera olímpica en 1984. Cambios de reglas, suma de nuevas pruebas. Recibió la Orden Olímpica del COI. En momentos de mayor tensión y aspereza en los órganos del deporte de México fue un inteligente diplomático, conciliador, con soluciones y acuerdos y siempre en forma discreta. Él y el clavadista Carlos Girón fueron los primeros en recibir el Premio Nacional del Deporte en México en 1975 durante los JP. En los negocios dirigió Excélsior, Grupo Imagen, hoteles Camino Real, Grupo Multiva, Hospitales Angeles… Estableció estrechas relaciones armoniosas de amistad con el monarca olímpico estadunidense Gary Anderson, los presidentes del COI, el español Juan Antonio Samaranch, el belga Jacques Rogge, el alemán Thomas Bach; con Joao Havelange; Fidel Castro… Deja huella inmarcesible en su familia, en los negocios, en el deporte y en la esfera olímpica.
