Héroes inolvidables

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Un suceso de lo más sorprendente, extraordinario, confirma, es el testimonio y comprobación de la sospecha e hipótesis de navegantes, científicos y aventureros: la existencia de una corriente que fluye en el mar congelado del Polo Norte. El 13 de junio de 1881, el barco Jeannette, vieja cañonera de 43.3 m de eslora con tres mástiles, de la Marina Real Británica, navega con bandera de EU, se hunde a unos 560 km al norte de la costa de Siberia. Lacerante tragedia: sobreviven 14 de sus 33 tripulantes. La presión de los hielos la enroscan, la trituran y la engullen. Tres años después, el 18 de junio de 1884, sus restos se mecen en las ondas marinas al suroeste de Groenlandia. Se despierta y acentúa el interés por descubrir el paso del Nor-Oeste. Décadas anteriores en la búsqueda de este paso ante las difíciles condiciones de la naturaleza, otras expediciones habían fracasado con finales dramáticos, funestos, como el de los barcos ingleses Terror y Erebus, que conmovieron al mundo. La sociedad victoriana no acepta en la 2ª mitad del siglo XIX que en la lucha por sobrevivir los desgraciados marineros hubiesen practicado la antropofagia, como sucedió con el accidente aéreo en Los Andes, 1972. Con el suceso del Jeannette, el noruego Fridtjof Nansen (1861-1930), científico, explorador, campeón de esquí y patinaje en hielo, premio Nobel de la Paz, convence a la Sociedad Geográfica de Noruega —la mayoría de los científicos extranjeros eran opositores a sus ideas— de apoyar el audaz proyecto, construir un barco con el fin de navegar a la deriva por el hielo del océano Ártico, lo que comprobaría su teoría del paso del Nor-oeste. Lo construye Colin Archer con las especificaciones de Nansen y Otto Sverdrup, asesor, explorador. Un barco de madera, liviano y resistente, diseñado en tal forma que se eleve con la presión de los hielos... se le llamó Fram, que significa “Adelante”. La nave escribe historia; la primera en navegar más cerca del Polo Norte y del Polo Sur. La tripula Roald Amundsen en su expedición al Polo Sur. Se conserva en el museo Bygdoy, en Oslo, muy cerca de la balsa Kon-Tiki, de Thor Heyerdahl. Cuántos episodios desfilaron por mi mente al contemplarlas en 2005. Incas y algunos polinesios adoraban un dios común: el Sol, Kon-Tiki; puente de comunicación de América con Oceanía. Amundsen, primero en surcar el paso del Nor-Oeste, puso a ondear la bandera noruega en el Polo Sur, 14/XII/1911. El inglés Robert Falcon Scott llega 33 días después y muere de frío e inanición con sus compañeros a su regreso en dirección a la base de abastecimiento. La atmósfera era de investigación, aventura, exploración y competencia, agresiva caballerosidad. Camino al Polo, Amundsen envía un telegrama a Scott: “Me permito informarle que la Fram se dirige a la Antártida”. Cómo influyeron y motivaron en el espíritu de lucha de la humanidad y el deporte las hazañas de estos héroes, precursores. Alcanzados los polos, el hombre mira hacia las alturas: las desafiantes nevadas cumbres del Himalaya. 3 de junio y 29 de mayo son fechas inolvidables en montañismo. (I)