La historia revela sucesos excepcionales en el incierto y difícil campo agonal a través de las trayectorias de sus grandes luminarias. Sus esfuerzos, luchas, tribulaciones, actuaciones, dejan huella indeleble de admiración y emulación y algo más. El nombre de Corebo de Élide, inscrito en una piedra, permitió a historiadores y arqueólogos fijar al campeón de atletismo en el año 776 aC y la singularidad de que los griegos de la antigüedad establecieron su calendario, a diferencia de otros pueblos, en relación con un hecho deportivo, con una precisión de cuatro años, denominada Olimpiada. En París, en los albores del siglo XX, el periodista Pierre Louys publicó en L’Auto: … “Mientras los romanos consideraron como su primer año la fundación de Roma, los cristianos el nacimiento de Cristo y los musulmanes el del origen del Islam y los revolucionarios el de la proclamación de la República, los griegos comenzaron a contar a partir del día en que los sacerdotes de Olimpia hicieron grabar el nombre de Corebo en las planchas de la gloria. No saben en qué año conquistaron Troya ni cuándo vencieron a los átridas ni en qué siglo vivió Homero, pero escriben en mármol blanco y nos trasmiten la victoria de Corebo”. L’Auto, editado en papel amarillo, dio origen más tarde a la creación del prestigioso periódico francés L’Equipe, que superó en tiraje a periódicos de información general, como Le Figaro y Le Monde. En los 60, L’Equipe se podía comprar en la calle de Hamburgo, cerca de El Péndulo. El deporte posee una poderosa fuerza sociológica extraordinaria y cada día creciente, íntimamente en conexión con el desarrollo demográfico mundial, como ninguna otra actividad humana, sea política, científica, artística, cultural. El aspecto demográfico en cuantificación de espectadores, no en lo cualitativo, pues esto obedece a multifactores culturales, económicos, científicos, alimentarios, de tradición, incluso étnicos. Resulta de lo más peregrino creer que la alta excelencia del deporte de un pueblo se logra por su número de habitantes; como manifestación aritmética de generación espontánea. Otra falacia es creer que hay talentos y sólo es cuestión de trabajarlos, y entonces como por encanto van a brotar como hongos figuras notables y campeones. ¿Y cómo crearlos? ¡Sin la preparación de entrenadores y sin el auxilio y conocimiento de la ciencia aplicada! ¿Se cuenta con personas capaces con los estudios actualizados para guiar a un atleta, nadador, futbolistas,…? Disculpen el exabrupto, me voy consciente a un hilo de lo más frágil y en tensión, al extremo: Kenya cuenta con 58 millones de habitantes, pulse la destreza y capacidad de sus atletas en maratón. Reúna y compare a China con 1,400 millones; EU, 350; Rusia, 140; Europa, 740. Hipotéticamente, forme con ellos un equipo y enfréntelo al de Kenia. En nuestro país se repiten hasta la fatiga y atolondramiento, en política y en deporte, cataratas de ideas que nunca se comprueban. Dogmas. Como la otra gran verdad con la que se engaña a los niños, que los bebés los trae la cigüeña de París, en su pico, envueltos en pañal.
