¿Y las soluciones?

Destruir es muy fácil, lo difícil y valioso es construir. Esperemos que en lo primero no haya injusticias y, en lo segundo, aporten soluciones a problemas concretos.

Lo más lamentable hasta el momento es que no se atienda inmediatamente con sensibilidad la crisis humanitaria que se está enfrentando en los estados del país en donde se ha deshumanizado el trato a los cuerpos hacinados en camiones. Situación que debiera reordenar las prioridades, al menos, de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión, tanto para tratar con dignidad a las personas fallecidas como a los familiares de las víctimas de esa situación.

Por otro lado, qué bueno que eliminen excesos y abusos en sueldos y prestaciones. Salvo los directamente afectados, en general nadie más deberá quejarse de ello. Sin embargo, también habrá que hacer ponderaciones: Hasta qué cargos de responsabilidad, qué cantidad y qué prestaciones debieran mantenerse. Con base en razonamientos técnicamente sustentados y no sólo en criterios de la edad media, en que todo giraba en torno al rey.

Aún no se ha respondido a la propuesta de que se eliminen también privilegios y prestaciones a los llamados líderes sindicales. Si en verdad pretenden atacar la opulencia y proteger a los trabajadores, deberían comenzar condicionando, por ley, la entrega de cuotas sindicales al cumplimiento de las reglas de transparencia en el manejo de los fondos de los trabajadores.

Se ha dicho que se eliminará, que no quedará ni una coma de la Reforma Educativa, es decir, la evaluación a la planta docente, y demás mecanismos que se proponía para mejorar los niveles educativos, pero, además, se abrirán las puertas para que todos tengan acceso a la educación universitaria gratuita, es decir, sin importar la calidad educativa de los estudiantes; pero, además, no se incrementará la inversión en las universidades públicas ni tampoco en la investigación científica.

De qué le servirá a nuestro país que haya millones de egresados de las universidades públicas que no satisfagan los estándares, ya no digamos internacionales de competitividad, si acaso, los estándares que se requiere para que cada egresado pueda ofrecer servicios profesionales de calidad y resolver los problemas a los que nos enfrentamos cotidianamente en todos los ámbitos, ya sea de servicios médicos, de ingeniería y ciencias de la comunicación, entre muchos otros.

De qué le sirve a la nación que los legisladores coman en recipientes de plástico en sus oficinas si van a presentar a diestra y siniestra iniciativas y propuestas que sólo sirven para dar la nota periodística, como fue el caso del punto de acuerdo para que no se aplique la Reforma Educativa, para aprobar que una persona tenga dos cargos de elección popular o reinstaurar la ceremonia del informe presidencial en el H. Congreso de la Unión (aquello que tanto criticaron en su momento); incluso aprobar leyes como la relativa a las remuneraciones de los servidores públicos, que el actual Ejecutivo federal, por respeto a su investidura y del Poder Judicial Federal, debe observar y devolver para que sea, al menos, ajustada a las circunstancias actuales y no a las que se vivían hace siete años, cuando se aprobó originalmente.

A pesar de que ya existen los diagnósticos y se han discutido hasta la saciedad las propuestas para atender los problemas que padecemos, cada seis años se pretende reinventar el país. Cada día que se improvisa, se pierde tanto en la discusión de tales improvisaciones como en las equivocaciones que implicará la implementación de las mismas, además de que habrá que reformar, nuevamente, esas improvisaciones.

A diferencia de las propuestas, nuestro país debiera enfocar la mayor parte de sus esfuerzos y escasos recursos en elevar los niveles educativos en todas sus categorías, así como incentivar la investigación en todos los campos, no sólo en las ciencias de la ingeniería, que si bien estas apuntalan el desarrollo tecnológico, las ciencias sociales humanizarían y sensibilizarían ese desarrollo.

Es verdad que debemos apoyar financieramente a todos aquellos que quieran y deseen estudiar, pero sólo aquellos que en verdad estudien y alcancen los estándares de calidad y nivel que requiere nuestro país.

Las ciencias sociales nos han enseñado que la realidad no la transformamos sólo mediante leyes. La historia nos ha enseñado que hemos tenido varias constituciones y muchas reformas, pero nuestro más grave problema está en la aplicación y observancia de las mismas.

Pareciera que aún no se enteran que las campañas electorales prácticamente ya se terminaron. Que lo que sigue ahora es hacer realidad esas propuestas de campaña, pero hacerlo respetando el extraordinario conocimiento acumulado hasta ahora, no cometiendo los errores del pasado. No quiero que le vaya mal al Presidente electo ni a su partido. Quiero que le vaya bien a México.

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