¿Y la división de poderes?
Seguimos postergando la consolidación de un Estado con una democracia social y constitucionalmente eficaz, en la que los diferentes poderes logren hacer realidad la cultura de la legalidad, es decir, la observancia de la ley, pero también de una ley sustancialmente democrática y social.
Es tan obvio como preguntar, ¿en qué consiste la 4T? ¿Más de lo mismo? ¿País de un solo gobernante?
En el pasado reciente se criticó que viviéramos, en palabras del Premio Nobel de Literatura, una dictadura perfecta, haciendo alusión a que cada seis años se elegía a un gobernante con el poder sobre el resto de los poderes.
Sin embargo, eso nos ha llevado a las crisis que ahora padecemos. Alguien podría negar la angustia que padecemos los padres y madres cuando salen del hogar nuestros hijos o seres queridos, precisamente porque vivimos en uno de los países más inseguros del mundo.
¿Alguien podría negar que padecemos una de las sociedades con mayores desequilibrios económicos y sociales en el mundo? Tal vez haya quienes sólo conozcan nuestro país por los centros comerciales o quienes sólo conozcan los lugares en donde se carece de los servicios más elementales: agua, drenaje, pavimentación, servicios de salud, de seguridad pública. Ni uno ni otro escenario dominan la geografía de nuestro país, sino este mosaico en el que existen zonas que lo tienen todo, frente a zonas en donde no tienen nada, pero estas zonas coexisten con amplias zonas que padecen los problemas de esta polarización, así como las políticas públicas que sólo atienden a uno u otro segmento, dejando a otras en el desamparo.
¿Alguien podría negar que, en general, padecemos de una gravísima corrupción extendida en todo el país? Las deficiencias de los servicios públicos y privados no podrían explicarse sin el eje de corrupción que los atraviesa, va un ejemplo distinto a los tradicionales, me refiero a los problemas y deficiencias que se generan en la pobre prestación de los servicios turísticos, de salud o educativos proporcionados por particulares con la anuencia u omisión culpable de las autoridades.
Se trata de verdaderas crisis generalizadas, a pesar de las honrosas excepciones que encontremos en los distintos ámbitos a los que me he referido.
Uno de los ejes que atraviesa esta problemática son los polos opuestos de la política: ya sea la excesiva concentración del poder en una sola persona, como lo padecimos durante alrededor de 70 años con un partido hegemónico en la Presidencia de la República, cuyo titular podía disponer, sin control real alguno, del erario y los cargos públicos, lo cual, además, incidía esencialmente en todos los sectores, incluido el privado; así también hemos vivido, en diferentes etapas de nuestra historia, una excesiva división de poderes, en el que ha sido muy difícil gobernar en forma eficaz con controles que impiden el cambio y la transformación, me refiero, por ejemplo, con la Constitución de 1857, y más recientemente en las diferentes alternancias político-partidistas, de la que ahora estamos pagando las consecuencias, pues los polos opuestos se atraen.
Seguimos postergando la consolidación de un Estado con una democracia social y constitucionalmente eficaz, en la que los diferentes poderes logren hacer realidad la cultura de la legalidad, es decir, la observancia de la ley, pero también de una ley sustancialmente democrática y social, es decir, que garantice la eficacia de los derechos sociales y humanos, para ello se requiere de una sociedad convencida de estos valores, que viva, respete y haga respetar esos valores.
Lamentablemente, atacar, golpear y arrinconar políticamente a las instituciones, ya sea los órganos constitucionalmente autónomos, el Poder Judicial, las entidades federativas, entre otros, someterlas a la voluntad de un solo individuo, nos aleja de la construcción de una sociedad basada en el respeto mutuo, de libertades y de seguridad, en lugar de una sociedad basada en el miedo, el temor y la imposición.
La 4T no puede implicar volver a un pasado que ha demostrado su ineficacia, crisis recurrentes, servilismo y más corrupción. No sólo el mundo ha cambiado, sino nuestro propio país ha cambiado, y lo que antes podían ocultar mediante el silencio cómplice, hoy y mañana será cuestionado bajo los ejes que le permitieron llegar al poder, me refiero a la transparencia, la democracia, valoración del respeto a los derechos humanos, a la dignidad de la persona y del bienestar común.
