Xóchitl y el cambio
Si bien es fundamental consolidar el apoyo de la clase media, también lo es que se requiere incluir al resto de los segmentos sociales para seguir siendo competitivos en la próxima elección y en el gobierno mismo.
López Obrador les dio frijol (dinero) con gorgojo (a cambio de su lealtad electoral y les niega alcanzar sus aspiraciones).
Xóchitl es la muestra viviente de un cambio en el que una mujer puede hacer realidad sus aspiraciones y sueños mediante el esfuerzo, estudio y enfrentar la adversidad.
Parte del reto será dirigir un mensaje de cambio sin dar la impresión de que millones de personas pierdan, por ejemplo, los apoyos económicos.
La mayoría de las familias en nuestro país tienen integrantes que reciben esos apoyos económicos, ya sean personas de la tercera edad, madres solteras, jóvenes sin empleo ni estudios; a esas familias les preocupa perder sus apoyos económicos. A muchas de ellas poco o nada les importa que esos recursos económicos se pudieron invertir en obras públicas que generaran mayor utilidad económica o en impulsar la educación de calidad para generar mejores oportunidades laborales.
Es por ello que la claridad en el mensaje del cambio para el próximo gobierno será tan importante.
En ese mismo contexto, pero desde otra perspectiva, AMLO prometió, por ejemplo, al sindicato de maestros cancelar la reforma educativa y devolverles sus privilegios sobre el control de las plazas y contrataciones, aunque ello perjudicara la educación de la niñez y juventud mexicana.
En estos sectores el mensaje del cambio podría implicar la pérdida o peligro de perder beneficios que les satisfacen ciertas necesidades inmediatas que antes nadie atendía a pesar de la opulencia y derroche de ciertos segmentos políticos o sociales.
AMLO también negoció con ciertos segmentos sociales que se han beneficiado de las obras públicas onerosas e inútiles, como la refinería de Dos Bocas (de costar 8 mil millones de dólares, ahora se pronostica a más del doble, no obstante que se compró otra refinería en EUA), o la otra obra pública del Tren Maya (que será inviable económicamente en el mediano plazo), o el megafraude y corrupción en Segalmex, entre otras historias de beneficios a ciertos segmentos a cambio de lealtad.
Si bien es impostergable la construcción de alianzas, es importante que, a diferencia de los pactos de AMLO, se realicen otros acuerdos que generen desarrollo y crecimiento económico con una visión de corto, mediano y largo plazo en beneficio de todos los segmentos de la sociedad, tanto de quienes menos tienen, como de los inversionistas.
Si bien la clase media, por ejemplo, se ha visto muy golpeada con las políticas de este gobierno, estigmatizada y ofendida con el discurso del Presidente de la República e incluso de sus fanáticos, y si bien es fundamental consolidar el apoyo de ese segmento social, también lo es que se requiere incluir al resto de los segmentos sociales para seguir siendo competitivos en la próxima elección y en el gobierno mismo.
La nueva gira de la corcholata destapada pretende ofrecer nuevos compromisos y comprar lealtades en el corto plazo, aun cuando el país siga en el desastre educativo, con pésimos servicios de salud o de seguridad pública; sin duda, ahora saben que existe un riesgo en materia electoral, frente a una candidata competitiva como es Xóchitl Gálvez.
Una vez más, el reto es construir una serie de alianzas con los sectores de la sociedad que le apuestan al cambio y contrarrestar una elección de Estado, en la que no sólo se emplea a los partidos políticos en el gobierno, sino a las instituciones públicas.
Hasta hace unos meses se consideraba que el Presidente de la República tendría el camino absolutamente libre en postergar su mandato y ampliar su poder a través de su títere político o corcholata, pero su propio carácter autoritario, egocéntrico, machista y clasista generó una digna adversaria que desafía todo lo que él representa.
Se dice que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, pero nuestro país no merece una corcholata ni una títere política como primera presidenta, sino a una persona que demuestre el cambio de tener a una mujer como verdadera jefa de Estado.
El reto del cambio es posible.
