Voz de alarma
Se confunde el derecho de toda persona a defenderse y el derecho de réplica, con la responsabilidad de un jefe de Estado de promover y garantizar los derechos humanos,la dignidad de las personas y la paz.
“Estamos al borde de un abismo, y vamos en la dirección equivocada. Nuestro mundo nunca ha estado más amenazado ni más dividido".
Fueron las palabras del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la apertura del 76° periodo de sesiones de la Asamblea General de dicho organismo, al referirse a tres problemas mundiales: la pandemia, la crisis climática y los problemas de paz.
A pesar de dicha alarma y llamado de atención, nuestro jefe de Estado parece no haber escuchado el mensaje ni advertir las inundaciones debido a una serie de lluvias extraordinarias, así como el incremento de temperaturas y sequías a lo largo del país que están causando graves pérdidas económicas, incluso lamentablemente pérdida de vidas humanas.
El Presidente de la República insiste en una política energética que privilegia el uso del petróleo a través de la construcción de la refinería de Dos Bocas en Veracruz y recientemente con la compra de la refinería Deer Park en Texas, toda vez que considera que “el petróleo es el mejor negocio del mundo”, sin considerar los estragos que está generando en la contaminación ambiental y el calentamiento global.
En ese mismo sentido, la cancelación de contratos y concesiones, así como la concentración de facultades en materia energética son los objetivos de la más reciente iniciativa de reforma constitucional del Presidente de la República, en lugar de atender los problemas que son la prioridad nacional e internacional.
La cancelación de concesiones no sólo generará incertidumbre en las inversiones privadas y afectará la creación de fuentes de empleo, sino que además provocará demandas y conflictos internacionales en contra del país. Hará retroceder más de dos décadas de esfuerzos al país y lo colocará en una visión del pasado.
Incumplirá el llamado de alerta de la ONU, en el que cita que a nivel mundial deberíamos reducir las emisiones en un 45% para 2030, y en un informe del mismo organismo internacional refiere que bajo las actuales circunstancias tendremos un incremento de 16% de las emisiones para el mismo año.
También el secretario general de la ONU hizo un llamado de alerta porque la sociedad pierda la fe en la paz, los derechos humanos, la dignidad de las personas, entre otros valores.
El discurso de las mañaneras y acciones del Estado mexicano contradice esos valores, y está lleno de ataques, amenazas y denostaciones. Se confunde el derecho de toda persona a defenderse y el derecho de réplica, con la responsabilidad de un jefe de Estado de promover y garantizar los derechos humanos, la dignidad de las personas y la paz.
Finalmente, el secretario general de la ONU en este llamado de alerta se refirió a la pandemia que ha profundizado las desigualdades. En este aspecto, un ejemplo lamentable es que los efectos de la pandemia los han resentido más los segmentos con menos recursos económicos, sin olvidar que el virus no distingue estrato social ni condiciones económicas, pero sin duda que la política pública de nuestro país en esta materia ha sido ejemplo de lo que no se debe de hacer.
En un texto publicado desde el año pasado en la prestigiosa revista The Lancet1 ponía en evidencia uno de los graves errores de la política para enfrentar la pandemia: Que personal de los servicios de la salud no había tenido el suficiente y adecuado equipo de protección personal y suministros médicos para prevenir y atender los contagios, además que no se habían rastreado los contactos de los contagiados, ni se habían suministrado y aplicado las pruebas suficientes para detectar oportunamente a los contagiados.
En palabras del mismo discurso del secretario general António Guterres: “Cuando no se cumplen las promesas, se abre espacio para que afloren algunos de los impulsos más oscuros de la humanidad. Se avivan los remedios simplistas, las falsas soluciones y las teorías conspiratorias. Se atizan antiguas injusticias. La supremacía cultural. La dominación ideológica. La misoginia violenta. La persecución de los más vulnerables, incluidos los refugiados y los migrantes.”2
1. https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/ PIIS0140-6736(20)31955-3/fulltext
