Rehacer ciudadanos
La lucha por construir una democracia aún es larga, pues nos hace falta seguir formando ciudadanos que conquisten su libertad, despojados de los iluminados que consideran tener la verdad basados solamente en sus convicciones.
Perdimos el rumbo y hay que recuperarlo para enfrentar a quien gobierna sólo por capricho edificando su estatua de la ovación permanente.
La democracia se construye con ciudadanos formados en el ejercicio libre de sus derechos y el cumplimiento responsable de sus obligaciones. Los derechos brindan libertad en todos los sentidos y las obligaciones generan precisamente la responsabilidad de esa libertad.
Hay quienes pretenden dirigir y conducir la libertad de los demás para utilizarlos en sus propios intereses, les hacen creer a la mayoría que el populismo y la entrega de migajas condicionadas a la adoración es libertad. No, eso no es la libertad, pues ella se consigue brindándoles a los ciudadanos los elementos para que cada uno tome sus propias decisiones y tome en sus manos su propio destino.
Comprar las voluntades por unos cuantos pesos, mientras se les arrebata lo más importante, como es la educación y los servicios de salud de calidad, es sólo otra forma de ocultar el vasallaje de la Edad Media en que los señores feudales eran propietarios de los medios de producción y protección, en tanto que la población en general servían a los propósitos del rey o del gobernante en turno; o un ejemplo más reciente, el de las tiendas de raya, en el que los trabajadores iban a las “tiendas” para que les entregaran ciertos “beneficios”, pero estaban sometidos a la voluntad del cacique, quien en realidad tomaba las decisiones importantes del pueblo.
La lucha por formar una democracia aún es larga, pues nos hace falta seguir formando ciudadanos que conquisten su libertad, despojados de los falsos iluminados que consideran tener la verdad basados sólo en sus convicciones, y no en la información objetiva, verificable y comprobable a la vista de todos. Las decisiones de la política del
Estado se deben tomar a partir de la información pública, de ahí que ese tipo de política es pública, no privada o secuestrada por un individuo que tiene otros datos sólo a su disposición.
Si mediante la política pública se dispone de los recursos del pueblo, no es ético tomar las decisiones a espaldas de la sociedad ocultando la información en que se basa tales decisiones, ni mucho menos comprometer el futuro de una nación sólo por ocurrencias que no están sustentados en estudios de viabilidad técnico-científica y de sustentabilidad del medio ambiente.
Las construcciones del aeropuerto en Santa Lucía, la refinería Dos Bocas, el Tren Maya, que son las obras “públicas” del actual gobierno, no deberían adoptarse sólo desde un punto de vista ético u honesto, sin antes contar con los estudios que efectivamente garanticen
y cumplan con los estándares mínimos de seguridad, sustentabilidad ambiental y económica. De otra manera, las ocurrencias basadas sólo en intuiciones ponen en riesgo el futuro de una nación, y dejarla más empobrecida de lo que ya estaba.
La lucha continúa por seguir formando ciudadanos que conozcan sus derechos y obligaciones, así como la historia de nuestro país, todo ello con la finalidad de volver a cometer los errores de décadas de una democracia simulada, sólo en el papel, y amparada en el control real del poder desde la oficina de un solo individuo.
Latinoamérica está llena de historias de individuos que ascendieron al poder con la bandera de la honestidad y la renovación moral, utilizando el arma de la demostración, el desprestigio de quienes disienten de ellos. A diferencia de la democracia en la que existe la posibilidad de disentir y construir a partir de las convergencias, respetando las divergencias, por el contrario, en los gobiernos no democráticos impone y avasallan las divergencias.
En ese contexto es que deben analizarse las acciones de la autodenominada “4a Transformación”, que no es otra cosa que erosionar el de por sí debilitado diseño institucional democrático que se estaba construyendo, con el antiguo Instituto Federal Electoral (ahora INE), los Tribunales Electorales, los organismos de protección de derechos humanos, el Poder Judicial Federal, los organismos constitucionales autónomos, todo ello con la finalidad de evitar la concentración del poder en un solo individuo.
De qué sirven las instituciones jurisdiccionales o formalmente autónomas en países donde las dictaduras nombran incondicionales para someterlas a su entero capricho. De ahí que carezca de sentido si las personas que propone para los cargos públicos tienen o no las cualidades profesionales o formación para defender los intereses públicos. La misión de formar demócratas aún persiste.
