Regalar dinero público

A los seudoprofesores de la CNTE se les paga sin dar clase. En unos días,también a quienes no estudian ni trabajan, y la lista irá creciendo.

Hace algunos meses, delincuentes de esa misma organización magisterial atacaron violentamente en Oaxaca a verdaderos profesores que cumplían con su deber. Al igual que entonces, no sólo no se condenó esa violencia, sino que, además, ahora se premia y se paga el obstaculizar la vida económica de una amplia región del país.

La corrupción debe combatirse en todos los ámbitos, en los adversarios, como en las filas de quienes supuestamente apoyan al gobierno, puesto que ésos son los que más daño le han hecho históricamente a la nación.

La corrupción no sólo ocurre con motivo de los ductos de Pemex, sino también entre quienes cobran un salario de los fondos del Estado sin cumplir un servicio al público.

Todo ello es parte de la causa de que nuestro México, que es la 15ava economía más grande del mundo, se coloque en el lugar 138, de 180 países evaluados en el combate a la corrupción, ya que el desmantelamiento de las redes de corrupción y la recuperación de activos es prácticamente inexistente en las acciones anticorrupción en nuestro país, de acuerdo con Transparencia Internacional (TI).

TI es una organización internacional, no gubernamental, no partidista y sin fines de lucro, dedicada a combatir la corrupción a nivel nacional e internacional.

De acuerdo con el último reporte de esta organización, Chile aventaja a nuestro país con 111 lugares, en tanto que Argentina por 53, y en nuestro continente sólo estamos mejor calificados que Guatemala y Nicaragua.

Por nuestra economía formamos parte del selecto grupo de la OCDE y del G20 (ambos grupos tienen a la mayoría de las economías más grandes del mundo), sin embargo, en ambos somos los peor calificados en materia de corrupción, si acaso por encima de Rusia, lo cual no puede ser motivo de satisfacción alguna.

Por la puntuación alcanzada en esta categoría, nos ubicamos al igual que Irán, Papúa Nueva Guinea (un país con más de 80% de su población en zona rural de Oceanía) y Guinea (un país africano que tiene alrededor de 10 millones de habitantes, un 60% aproximado por debajo del umbral de la pobreza), entre otros.

Una de las causas esenciales de esta situación es la debilidad institucional en nuestro país. También es corrupción que, a pesar del supuesto avance democrático del que pretendemos presumir, sigamos las mismas prácticas antidemocráticas, atrasadas social e institucionalmente de esos países, donde todo el poder político-económico gira en torno a una persona.

Además, los países que han avanzado en el combate a la corrupción no lo han hecho regalando el dinero del erario, en todo caso, la redistribución de la riqueza nacional se realiza a partir de instituciones sólidas que brindan educación y salud pública de calidad, como servicios básicos, además de brindar amplias oportunidades para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Pero antes, generaron las condiciones para producir esa riqueza.

Las naciones que han avanzado en mejorar las condiciones de vida de sus habitantes lo han hecho a partir de la cultura del esfuerzo personal, es decir, del premio por su esfuerzo, no de la ganancia sin esforzarse y el premio a la mediocridad. Lo único que genera regalar el dinero es dependencia, servilismo y vasallaje, propio de etapas históricas con funestas consecuencias en el mundo, si no, pregúntenles a los venezolanos.

Si bien es cierto que regalando dinero del erario se generará un amplio respaldo social de los sectores beneficiados con tales prebendas, a la larga, en realidad se fortalecen las columnas de un edificio también basado en la nueva corrupción de la sociedad, que abdica de su dignidad por el riesgo de perder la limosna que la mantiene en la pobreza, en lugar de formar a los ciudadanos que aspiren a conquistar su propio futuro a partir de su esfuerzo y de una educación y servicios de salud de calidad.

Lamentablemente, solapar el ausentismo y la baja calidad en la educación pública no generará una sociedad preparada para los retos actuales, donde ya no son suficientes las habilidades tradicionales con las que se formaban los alumnos.

Los retos tecnológicos de vanguardia, retomar el conocimiento de las humanidades, de la bioética y el desarrollo sustentable rebasan a los estudiantes de esos profesores que se la viven del chantaje y forman parte de los grupos de choque al mejor postor.

La corrupción de ahora evita que nuestros niños y jóvenes estudiantes compitan por reposicionar al ser humano y sus derechos o impulsen el desarrollo sustentable del mundo.

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