No a la violencia vs. las mujeres
Lamentablemente, todos los días somos mudos espectadores de asesinatos o agresiones en contra de las mujeres, menores o personas de la tercera edad. Sin embargo, dejamos de advertir que todo comenzó con la violencia verbal, en la cual se derrumbó el respeto a la dignidad de tales personas. El día de hoy no debemos dejar de señalar y condenar todas las formas de violencia, incluso las de tipo verbal,
Señora, no está sola.
La amenaza que se ha hecho en contra de la ministra presidenta es una agresión y violencia.
Este tipo de violencia derrumba los límites del respeto a la dignidad humana. Todos los días somos testigos mudos de cómo la violencia verbal da paso a la violencia física, con las funestas y condenables consecuencias.
El siglo que vivimos ya no tiene cabida para tolerar la violencia contra las mujeres, las personas menores o mayores de edad.
Lamentablemente, todos los días somos mudos espectadores de asesinatos o agresiones en contra de las mujeres, menores o personas de la tercera edad. Sin embargo, dejamos de advertir que todo comenzó con la violencia verbal, en la cual se derrumbó el respeto a la dignidad de tales personas.
El día de hoy no debemos dejar de señalar y condenar todas las formas de violencia, incluso las de tipo verbal, puesto que ellas representan la falta de respeto a la dignidad, que es el valor esencial de la convivencia humana.
A pesar de que la humanidad sigue avanzando en la ciencia, aún se encuentra en los albores de sus orígenes, cuando de respeto a la dignidad nos referimos.
Si bien es cierto que el futuro de nuestra humanidad está en la enseñanza de la niñez, el presente está en la forma en que respetamos la dignidad de las mujeres, de la niñez, de las personas adultas y, en general, de todas y todos.
Ahora bien, la psicología y la sociología tienen abundante bibliografía de quienes agreden verbalmente a las personas que consideran vulnerables… puesto que tales agresores no lo hacen con quienes consideran más fuertes que el violentador, ya que a ésas sí las respetan.
¿Qué podemos esperar si el jefe de más alto rango de la fuerza pública en nuestro país acusa sin fundamento a la ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación? ¿Si se le amenaza de muerte en las redes sociales?
Una condena firme y contundente por parte de todas las personas en contra de ese tipo de violencia, ya que no debemos de tolerar la falta de respeto a la dignidad humana de ninguna mujer.
Los jefes de Estado deben ser un ejemplo digno de encarnar los más altos valores de la sociedad que dirigen. Cuando sucede lo contrario, pareciera que representa a una sociedad que carece de tales valores.
Ahora bien, las agresiones verbales en contra de la ministra presidenta de la SCJN no son en defensa de la pobreza, no es en defensa de la niñez, no es en defensa de las mujeres, no es en defensa de la democracia: son agresiones verbales sólo por imponer una voluntad.
Nuestro país aún tiene personas que reconocemos, vivimos y damos testimonio de los valores de una sociedad democráticamente fuerte.
Al igual que la ministra presidenta existen millones de mujeres en el mundo que salen a la calle a trabajar, enfrentando las agresiones de personas que creen tener el derecho a ofenderlas verbalmente.
Es inaceptable que se siga acusando mediante conferencias de prensa a una servidora pública que sólo hace su trabajo, y que lo ha hecho de manera tal que ha alcanzado a representar el esfuerzo de miles de mujeres por alcanzar la máxima posición en el Poder Judicial Federal.
El logro de las mujeres por alcanzar tales posiciones no sólo debe ser para presumir en los discursos de un logro como tal, sino que debiera ser para dar el ejemplo del respeto que se debe dar a quien, sacrificando incluso a su propia familia, logra acceder a tales cargos, antes sólo reservados a los hombres.
Las acusaciones sin fundamento y sin pruebas que se realizan utilizando los recursos del poder en contra de la ministra presidenta sólo evidencian el tamaño del temor.
El Ejecutivo federal es responsable de la seguridad de todos los habitantes de este país, incluyendo la de la ministra presidenta de la SCJN.
