Manipulación de la pobreza
El Coneval es un organismo gobernado por el secretario de Desarrollo Social, seis investigadores académicos y representantes de Hacienda. Se trata de información oficial generada por una institución que se creó para medir la pobreza y evaluar los programas y la política de desarrollo social. Esperamos seriedad en el tema y no que digan que “tienen otros datos diferentes”.
Es fácil destruir instituciones, el mérito es construirlas y lograr su eficacia.
Entre 2018 y 2020, la población en situación de pobreza aumentó 3.8 millones de personas, pues pasó de 51.9 a 55.7 millones de personas. Y la población en situación de pobreza extrema aumentó 2.1 millones de personas, al pasar de 9.7 a 10.8 millones de personas.
Cabe destacar un indicador importantísimo en el contexto de la pandemia, que es la carencia por acceso a los servicios de salud, el cual presentó un incremento de 16.2% a 28.2 por ciento. Es decir, en el mismo periodo también aumentó la población que carece del acceso a estos servicios de salud en 15.6 millones de personas, al pasar de 20.1 a 35.7 millones de personas.
Son resultados de la medición multidimensional de la pobreza a nivel nacional y por entidad federativa para 2018 y 2020, presentados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Un organismo gobernado por el secretario de Desarrollo Social, seis investigadores académicos y representantes de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Se trata de información oficial generada por una institución que se creó para medir la pobreza y evaluar los programas y la política de desarrollo social para mejorar sus resultados y apoyar la rendición de cuentas. Esperamos seriedad en el tema y no que digan que “tienen otros datos diferentes”.
A pesar de ello, se siguen presentando excusas, tales como una frase desafortunada e insensible: “la pandemia le cayó como anillo al dedo a la 4T”, pues sufrimos alrededor de 250 mil fallecidos (entre cifras oficiales y estimadas) y padecemos el acceso a los servicios médicos, la falta de medicamentos y de tanques de oxígeno.
El problema de la pobreza está vinculado con otro tema, que son las decisiones que generan una falta de crecimiento económico.
Aun antes de la pandemia, inmediatamente después de las elecciones, el nuevo gobierno comenzó a girar instrucciones a una administración pusilánime y cómplice que generaron un crecimiento de 0.2% de la economía nacional en el cuarto trimestre de 2018 (https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2019/pib_pcon...) y -0.1% en el 2019 en el mismo periodo (https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2020/pib_pcon...). La inercia de la política errática en materia de crecimiento económico continúa, puesto que no se facilita la creación de empleos ni se favorece la inversión. Es evidente que la falta de crecimiento económico se agravó con la eliminación del Seguro Popular sin que estuviera listo el nuevo esquema de salud, lo que generaría el desastre que estamos padeciendo.
En las pasadas elecciones fuimos testigos de la manipulación electoral de los programas de apoyo a las personas en condición de pobreza.
Esta manipulación sólo es parte de una estrategia más amplia que tiene que ver con el ataque a las instituciones de nuestra incipiente democracia: el Instituto Nacional Electoral, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, la Comisión de Regulación Electoral, el Instituto Federal de Telecomunicaciones, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, así como el ataque constante a los periodistas y medios de comunicación que no comparten su opinión.
Sin duda, teníamos un modelo democrático que requería fortalecerse y, en ciertos casos, ajustarse para mejorar la eficacia en el cumplimiento de los objetivos de tales instituciones que contribuyeran al objetivo final: generar mejores condiciones de vida para la población en general y protección a los derechos de las personas.
Evidentemente, con las políticas actuales no podríamos obtener la medalla de oro en las decisiones en materia de salud, de plata en disminución de la pobreza (a pesar de que hay quien, eufemísticamente, dice que nos pudo ir peor) y tampoco podríamos ganar la medalla de bronce en las decisiones en materia de crecimiento económico (no obstante que el gobierno presume un crecimiento aún lejos de las condiciones previas a la pandemia).
