La indiferencia vs. el INE
Largo ha sido el recorrido para construir una legislación electoral que regulara los procesos electorales, crear una institución electoral que no dependiera del presidente de la República, ahora denominado INE, que organizara las elecciones, que recolectara los paquetes electorales y contabilizara los votos.
La indiferencia facilita y contribuye a la amenaza de eliminar al INE. Quienes ejercen la violencia, incluso de tipo político, se aprovechan de la actitud pacifista de la mayoría. Incluso, la llegan a confundir con debilidad.
Durante muchas décadas en nuestro país el gobierno ejercía el poder de manera incontrolada, concentrando el poder en la cúspide del Presidente de la República, hasta que llegamos a la etapa de la alternancia en el poder, en que pueden ganar las elecciones partidos políticos diferentes.
Para llegar a la alternancia electoral, en que se castiga o se premia con el voto electoral, fue necesaria la lucha de los verdaderos líderes del movimiento de 1968, de las huelgas violentamente reprimidas, las elecciones robadas en Chihuahua, que dieron lugar a los grandes liderazgos de don Luis H. Álvarez, Francisco Barrio, Manuel Clouthier; además de los excesos y fracasos de ese viejo modelo de gobierno, pero sobre todo de una sociedad cada vez más culta y crítica, que exponía la pérdida de legitimidad del gobierno. Al respecto, el gobierno trató de administrar esa crisis de legitimidad abriendo la llave de las reformas político-electorales, con la finalidad de generar espacios públicos que abrieran un cauce institucional a las divergencias políticas y a esa falta de legitimidad creciente.
Todavía hay quienes recordamos las elecciones de 1988, que desbordaron el viejo sistema electoral controlado por quienes ejercían el poder siguiendo el sistema presidencialista, cuyos brazos políticos estaban en la Secretaría de Gobernación y las gubernaturas de los estados, entre otras.
A ese modelo de sistema electoral de control presidencialista pertenecen varios de quienes ahora gobiernan y pretenden regresarnos a ese pasado autoritario.
No debemos olvidar lo que le ha costado a este país arrancarle al Presidente de la República y al secretario de Gobernación el control del órgano que organizaban y calificaban las elecciones.
Largo ha sido el recorrido para construir una legislación electoral que regulara los procesos electorales, crear una institución electoral que no dependiera del Presidente de la República, ahora denominado Instituto Nacional Electoral, que organizara las elecciones, que recolectara los paquetes electorales y contabilizara los votos a partir de las actas elaboradas por ciudadanos nombrados aleatoriamente.
Y cuyos resultados fueran susceptibles de impugnación ante un Tribunal jurisdiccional electoral, regulados mediante leyes y controversias que se resolvieran a partir de argumentos jurídicos y pruebas sujetas a reglas de valoración jurídica, y no de confrontaciones violentas.
Sin duda alguna que existen aspectos necesarios que pueden y deben ser perfeccionados, a partir de la experiencia que hemos tenido, no sólo en el ámbito del sistema electoral, sino incluso de todo nuestro sistema jurídico en su conjunto. Entre esos aspectos que debemos mejorar está la cultura democrática de nuestra sociedad, y de la cultura de los principios que inspiran a un Estado democrático de derecho, en general.
Así como las ciudades más limpias no son aquellas que tienen los mejores aparatos gubernamentales de limpieza, sino las que tienen ciudadanos que menos tiran la basura en la calle. Así, la democracia constitucional requiere de demócratas que practiquen los valores democráticos, que sometan su conducta a la ley, no que eliminan sus instituciones electorales reinventando el hilo negro después de cada elección.
Hoy está amenazada la autonomía de una de las instituciones esenciales de ese Estado democrático, y no debemos ser indiferentes ante tal circunstancia. El régimen actual se valdrá de todos los distractores posibles, como el mundial de futbol, para distraer mientras golpea y “transforma” el sistema electoral que lo llevó al poder, pero que no le garantiza mantenerse en él.
En estas semanas, nuestro país vivirá momentos de definición sobre las próximas décadas, puesto que se pone en peligro la autonomía y el futuro de la institución que organizará los próximos procesos electorales. La indiferencia jugará en contra del INE.
