La fortaleza de la oposición

Adiferencia de la mayoría, la fuerza de la minoría política radica en la legitimidad, en tanto aquélla sólo decide basada en sus votos.

No importa el número de integrantes de la oposición, sino que haya una voz que defienda lo que se ha avanzado en la consolidación de la democracia constitucional, tales como los derechos humanos, la división de poderes, la transparencia, el acceso a la información pública gubernamental, entre muchos otros temas.

Es obvio que no está a debate quién ganó las elecciones presidenciales y, al parecer, el número de votos en el Congreso de la Unión; sin embargo, la interpretación del mandato en las urnas, así como el alcance de dicho mandato, sí será una cuestión que estará sujeta al debate democrático, ya que ello es parte de su esencia.

Por ejemplo, uno de los candidatos propuso medidas que resultaban contrarias a los derechos humanos, de haber ganado la Presidencia y el Congreso de la Unión, en términos del avance democrático de nuestro país, sería inaceptable que se aprobara que se les cortara la mano a las personas conforme a nuestro sistema jurídico, ya que, desde un punto de vista pragmático, nuestro sistema de justicia penal aún no garantiza que sólo se apliquen las penas a los verdaderamente culpables, sino también a inocentes, pero, sobre todo, desde un punto de vista axiológico, nuestro sistema perdería valor y retrocedería en términos de legitimidad.

Las políticas públicas del Ejecutivo federal, respaldadas por sus representantes en el Congreso de la Unión, tienen como finalidad ser eficaces en sus objetivos, aun cuando muchas veces la legitimidad no forme parte de sus prioridades, y en esas circunstancias es que deberá intervenir la oposición para denunciar públicamente sobre lo que ponga en riesgo la legitimidad de las propuestas.

No hay sistema político en la historia de la humanidad que, al margen de los contrapesos políticos, haya instaurado una democracia constitucional contemporánea. La oposición democrática debe cumplir esa función de contrapeso. El propio gobierno requiere de quienes ejerzan esa función, de manera inteligente y propositiva, no en forma obcecada y paralizante, ya que, a la larga, esto termina por afectar a ambos.

En las últimas décadas hubo una alternancia partidista en la Presidencia de la República entre dos partidos políticos, y desde hace varias décadas ninguno de ellos tuvo una mayoría al detentar la Presidencia. Ahora se pagan las consecuencias de no haber construido los acuerdos amplios para responder a las necesidades de la sociedad superando las diferencias partidistas.

Sigue el reto de esos partidos que fueron gobernantes y ahora son oposición, que desde sus propias identidades logren conformar un perfil y posicionamiento en defensa de la legitimidad democrática, esa figura que fue abandonada en las últimas décadas en aras de lograr la obtención de posiciones.

Quienes forman parte de los partidos políticos de la minoría y tienen una responsabilidad de gobierno en los estados y defienden esas posiciones, no deben olvidar la plataforma que los llevó a tales cargos, y que la mira de sus objetivos no debe encontrarse en el corto plazo, ya que, a la larga, terminarán perdiendo no sólo esas pequeñas parcelas de poder, sino lo más importante, que es la dignidad que proporciona la lucha desde las trincheras de la legitimidad.

Hoy se organizan y se preparan quienes ejercerán el gobierno en el sexenio que viene, pero la oposición debe también prepararse para asumir con responsabilidad y sentido de trascendencia, tal como lo hicieron quienes nos precedieron en esta noble y dignificante labor.

No se trata de preparar el lodo para arrojarlo a nuestros adversarios ni de las piedras que se piensen poner en el camino del gobierno, sino de reorganizarnos y prepararnos para ganar los debates como históricamente se los ganamos al gobierno en peores condiciones a las que ahora nos encontramos.

Desde la trinchera de la oposición se impulsó, construyó y consolidó el sistema electoral que hizo posible el triunfo electoral de la oposición al gobierno actual, así como el sistema de defensa de los derechos humanos, de acceso a la información pública gubernamental, entre otros mecanismos democráticos. Ahora tenemos la misión de seguir defendiendo esas conquistas y ampliarlas en beneficio del bienestar común y la dignidad de las personas.

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