Hacia una democracia eficaz
En las próximas elecciones no sólo se enfrentan diferentes personas por cargos de elección popular, sino formas de gobernar que determinarán el futuro del país
Quienes hemos elegido participar en la política nacional decidimos contribuir al bienestar nacional utilizando las vías pacíficas para cambiar las condiciones en que se encuentran nuestras comunidades.
Yo nací y crecí en un país en el que no había apertura de los medios de comunicación y con un partido hegemónico al que no le interesaba construir una democracia, mucho menos los derechos de todos, el respeto real a la división de poderes, a la dignidad humana o el bienestar común.
En ese contexto decidí incorporarme a un partido político que luchaba por los derechos de todos a participar en las decisiones de gobierno, en las decisiones en las que debíamos participar quienes quisieran hacerlo, es decir, luchar contra la hegemonía de unos cuantos, contra la discriminación política y el respeto a todas las voces. Ya desde la Revolución Francesa se había dicho que podríamos no estar de acuerdo con la opinión del adversario, pero se defendería hasta con la vida el derecho a que se expresara esa opinión diferente.
Con base en una larga lucha democrática, en la que muchos ciudadanos han perdido incluso la vida, se ha logrado que en la actualidad haya instituciones que organicen las elecciones al margen del gobierno federal en el que se privilegie la participación de la sociedad para recibir, vigilar y contar los votos.
Que exista un sistema normativo que regule el proceso electoral, así como un Tribunal Electoral que, con base en criterios jurisdiccionales, resuelva las controversias que se susciten, no sólo en dicho proceso, sino que, además, garantice el ejercicio de los derechos político-partidistas de todos los ciudadanos de nuestro país.
Sin duda, hemos avanzado enormemente en la construcción democrática, sin embargo, se ciernen nubarrones sobre el sistema que hemos construido formalmente, toda vez que aún padecemos de un grave déficit en la formación de verdaderos demócratas.
Aquellos que estén convencidos de esta forma de gobierno y de vida, en el que lo importante es la convivencia respetuosa de todos, en el que la dignidad de la persona y el bienestar común sean los objetivos que orienten el actuar de los integrantes de esta sociedad, ya sean estudiantes, servidores públicos, trabajadores particulares, empresarios, cualquiera, desde su posición y participación, hicieran una sociedad más democrática, no sólo en lo electoral, sino respetuosa de los derechos de todos los demás, y defendiéramos nuestros propios derechos.
Lamentablemente, muchos de nuestros “demócratas” están pensando y actuando en los márgenes de la ley, con el único fin de conseguir el objetivo de ganar, al precio que sea y bajo cualquier condición.
Requerimos seguir construyendo las normas que hagan efectivos los valores de la democracia en todos los ámbitos de la vida. Que las instituciones que se han creado para garantizar y tutelar los derechos y la integridad de todos cumplan su cometido y, en su caso, denunciar y confrontar las desviaciones.
Tenemos un largo camino que recorrer para lograr el verdadero objetivo que nos planteamos quienes decidimos participar desde hace varias décadas en la vida política de nuestro país. La semilla de la lucha por la defensa de los derechos siempre ha encontrado tierra fértil en los corazones y mentes de un país ansioso por una vida democráticamente plena.
Esa lucha por la defensa de los derechos de todos está en las aulas, en los auditorios, en los tribunales, en las tribunas parlamentarias, en los medios de comunicación, utilizando los instrumentos que se han venido construyendo con base en el esfuerzo, incluso de quienes nos antecedieron y en las que participamos también, utilizando las leyes en materia de transparencia y acceso a la información pública gubernamental, las acciones de inconstitucionalidad, de controversias constitucionales, de amparo, recurriendo al control difuso de la constitucionalidad y de convencionalidad, a la interpretación pro homine, entre muchos otros instrumentos.
La contienda electoral muestra diferentes proyectos de nación. Hay quienes, a lo largo de su carrera política, le han apostado por la confrontación y la violencia, a diferencia de quienes le apostamos a la construcción de acuerdos e instituciones mediante el diálogo firme, pero respetuoso. La apuesta es por una democracia eficaz.
Abogado postulante
Twitter: @asalinastorre
