Ganaron, todos perdimos

Permea en la niñez y la juventud un desgano y falta de interés por los valores del respeto, el bienestar común, la solidaridad, la dignidad humana, incluso la excelencia profesional o académica.

Para algunos, la política es la conquista del poder, para mí, es la construcción de ciudadanía.

Hace muchos años decidí participar en un partido político para cambiar a mi país, el cual vivía en un régimen de partido de Estado. Hoy, ese reto aún está vigente.

Hace muchos años, un partido político hegemónico usaba el poder del presupuesto para distribuir alimentos o regalar materiales de construcción para comprar votos. Había la operación tamal, que consistía en invitar a la gente unos tamales a cambio de sus votos. Hoy, el gobierno sigue regalando frijol con gorgojo, porque es para comprar el voto.

Hace muchos años, el gobierno hizo todo lo posible para mantener el control de la organización de las elecciones. Hoy, el gobierno hizo lo mismo. Acusó de parcialidad y socavó la credibilidad de un organismo autónomo como el INE, hasta hacer todo lo posible por capturarlo. Hacía años que el presidente (a) del INE no tenía nada que hacer en la Secretaría de Gobernación, como lo hizo este último año.

Hoy no culpo a los millones de ciudadanos que votaron a favor del partido de Estado, porque les dieron un poco de su propio dinero del erario público. No los culpo, porque muchos de ellos padecen la pobreza, de la cual no hemos sido capaces como sociedad de sacarlos mediante la educación y abrir oportunidades laborales bien remuneradas.

Lamentablemente, hay otro sector de la población que sí tiene satisfechas sus necesidades primordiales y tiene la educación suficiente para saber que entregaron su voto a cambio de prebendas y contratos públicos, a pesar de que el país va camino a mayores crisis cada día.

Este gobierno no acabó con la corrupción, como había prometido, supuestamente para favorecer primero a los pobres. Casi eliminó las licitaciones públicas, las cuales permiten que, en forma pública, participen distintos particulares y ofrezcan las mejores condiciones al gobierno en la adquisición de bienes o prestación de servicios. En este gobierno se privilegió la asignación de dichos contratos públicos para favorecer a sus cómplices. En este gobierno se construyó una red de compromisos que mantuvo la corrupción para ganar estas elecciones.

Lamentablemente, aún esos que se favorecen de las contrataciones y de la corrupción padecerán las crisis que se profundiza en varios ámbitos de la vida de nuestro país.

La inseguridad la estamos padeciendo todos. Sin duda alguna que la padecen más los pobres, pues basta para comprobarlo con que se hiciera un análisis socioeconómico de la mayoría de las víctimas de la delincuencia. A pesar de ello, los segmentos con más recursos también están padeciendo la inseguridad y la angustia cuando salen sus hij@s a las calles o a los centros de diversión.

Los efectos del cambio climático también lo estamos padeciendo todos. A pesar de que lo padecen más quienes menos recursos tienen. Sin embargo, incluso en muchos lugares del país todos padecemos los efectos del incremento de la temperatura, los apagones, la sequía y escasez de agua, incluso fenómenos climatológicos catastróficos, por ejemplo el huracán Otis. Lamentablemente, la política de este gobierno contribuyó en la deforestación con la construcción del Tren Maya, así como en la construcción de una refinería contaminante, incluso en revertir la diversificación de generación de energía limpia.

El bajo nivel educativo también lo estamos padeciendo todos. A pesar de que, sin duda, los que lo padecen más son quienes menos recursos tienen. Sin embargo, los valores de un bajo rendimiento educativo, en el sentido amplio de la palabra, no sólo aqueja al sector público educativo, sino también a las escuelas privadas. Permea en la niñez y la juventud un desgano y falta de interés por los valores del respeto, el bienestar común, la solidaridad, la dignidad humana, incluso la excelencia profesional o académica.

Desde cualquier trinchera política que tengamos debemos continuar construyendo ciudadanía, que implica hacer conciencia de los derechos de las personas y apoyarlas para ejercerlos, comenzando por la dignidad.

Ahí tiene el PAN a una Adriana Dávila.

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