El complejo de Penélope
Sin duda alguna que los excesos de corrupción e ineficiencia estaban a la vista y lo padecíamos de manera directa o indirecta; a pesar de ello, no todo estaba mal ni debería destruirse todo, mucho menos haciendo recortes sin ton ni son
Para muchos actuales gobernantes todo lo que se hizo en el pasado está mal y es corrupto; debe destruirse y reconstruirse algo nuevo; sin embargo, toda generalización, por inexacta, es injusta.
Sin duda alguna que los excesos de corrupción e ineficiencia estaban a la vista y lo padecíamos de manera directa o indirecta; a pesar de ello, no todo estaba mal ni debería destruirse todo, mucho menos haciendo recortes sin ton ni son, ni tomando decisiones desde los escritorios o a partir de suposiciones sin información precisa.
La opinión de la mayoría de las personas es que tenemos una burocracia corrupta e ineficiente debido a que esa opinión se construye por las malas experiencias o los discursos, a pesar del esfuerzo que miles o millones de servidores públicos realizan día a día para levantarse muy temprano, trasladarse de lugares lejanos hasta sus centros de trabajo para llegar a tiempo y realizar su mejor esfuerzo para cumplir con las funciones y el servicio encomendado.
Cabe mencionar que no todos los maestros incumplen su misión de orientar e inspirar positivamente a sus alumnos; no todos los médicos desatienden a sus pacientes, por el contrario, muchos hacen milagros con la escasez de recursos humanos (enfermeras, laboratoristas, etcétera) o recursos materiales (medicamentos, instrumental médico, etcétera); no todos los ingenieros de la CFE incumplen su misión de que el servicio de electricidad llegue a nuestros hogares; no todos los que trabajan en el servicio de agua potable incumplen su misión de hacer llegar el vital líquido, y la lista puede continuar destacando muchas de las bondades de quienes desempeñan un servicio público.
Lamentablemente, también existe, en todos los ámbitos del Estado, un segmento importante que no está cumpliendo su función, conforme a las expectativas y necesidades apremiantes de la sociedad. Hacia esos segmentos del Estado es que deberían dirigirse los esfuerzos para hacer la depuración en forma eficiente de los actuales gobernantes, puesto que, en la medida en que se cometen injusticias, sin pleno conocimiento de las circunstancias, terminan por incurrir en los mismos o peores errores que se acusaron en el pasado.
Muchas veces hemos dicho que se acabó la campaña, en que se requerían los discursos para construir o engrandecer la imagen de los candidatos, en donde los detalles, en muchas ocasiones, pasaban desapercibidos, sin embargo, ahora, en el ejercicio de gobierno, los detalles pueden implicar la afectación a la vida de millones de personas, con independencia de las buenas intenciones que inspiren la política pública que se pretende implementar.
Lo que en el pasado se propuso desde la oposición está siendo un grillete del que ahora no logran despojarse en el ejercicio de gobierno. Más allá del cumplimiento o incumplimiento de muchas de las promesas de campaña, de las que se destacó que carecían de fundamentos financieros sólidos o de conocimiento preciso de la realidad, lo que se requiere es servir a la sociedad en forma eficaz y honesta, en todo sentido.
Por ejemplo, la obsesión del vecino del norte por establecer un muro físico o virtual que impida el flujo migratorio no se resuelve a través de la aplicación de impuestos al flujo comercial; en este caso observamos los efectos negativos de tratar de cumplir, a como dé lugar, una promesa de campaña, a pesar de que su implementación afectará no sólo los lazos de amistad entre dos naciones, sino los intereses concretos de ambos países en amplios segmentos de la sociedad.
En nuestro país, otro ejemplo es que pareciera que ya se atrajo la atención sobre las condiciones que padece el IMSS por una política mal implementada de austeridad, a una de las instituciones que presta un servicio público de invaluable valor para quienes menos tienen en el ámbito de la salud y la previsión social, a pesar de que ello no implique solución al problema. Este ejemplo nacional sólo es la punta de un problema mayor en el resto de las instituciones públicas de salud, educación, cultura, del impulso a la ciencia y la tecnología, y el resto de los ámbitos que se encuentran supeditados al control presupuestario sin cuidar las particularidades de cada institución.
A pesar de la opinión generalizada de la ineficacia del Estado mexicano, existen muchos ámbitos que debieran cuidarse y promoverse: un botón más de muestra son los centros de investigación y formación académica de excelencia apoyados con el erario. En conclusión: hay que seguir cuidando y formando ciudadanos, no destruyendo las instituciones y bases que se crearon para ello.
