El cambio es posible
Sigue sin debatirse la omisión de colocar filtros sanitarios eficaces en los aeropuertos para evitar el ingreso de un número indeterminado de personas contagiadas.Tal como debió haberse hecho desde el inicio de la pandemia.
Impostergable la redefinición de la estrategia de cara a las próximas elecciones.
Una vez más, se debe trabajar contra un régimen político que utiliza el dinero público de los impuestos para comprar votos. Los llamados programas sociales destinados a millones de personas no las sacarán de la pobreza, sino que únicamente perpetuará su condición.
El mensaje de cambio debe llegar más allá de las personas con las que comúnmente se dialoga y a quienes van dirigidos los textos en los periódicos, puesto que los llamados programas sociales (de compra de votos) llegan a millones de personas que no están conscientes de que también les afectará, por ejemplo, la reforma energética, la cancelación del nuevo aeropuerto, la reforma en materia de subcontratación, la construcción del Tren Maya, el sometimiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como la desaparición del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, chantajear al auditor superior de la Federación, entre muchas otras decisiones del actual gobierno.
Es fundamental advertir que los mensajes desde Palacio Nacional en las mañanas están destinados a desviar el debate de fondo sobre los más de 160 mil muertos por el desatino de la política del actual gobierno que, por ejemplo, nos coloca como uno de los países con una de las mayores tasas de mortandad por el coronavirus.
Se desvía el debate sobre los errores del muy cuestionable Programa Nacional de Vacunación, no sólo por la desorganización y la exposición más grave de miles de personas de la tercera edad al frío de las mañanas y al probable contagio en la aglomeración de personas. La incapacidad para organizar con la actual tecnología la asistencia de las personas adultas mayores en forma ordenada, planeada y organizada por grupos en ciertos horarios. Ya no cuestionemos el cuidado y prevención de los probables efectos secundarios de las vacunas que se están aplicando, además de la falta de aplicación de la segunda dosis a miles de personas.
Sigue sin debatirse la omisión de colocar filtros sanitarios eficaces en los aeropuertos para evitar el ingreso de un número indeterminado de personas contagiadas. Tal como debió haberse hecho desde el inicio de la pandemia.
No se debate sobre la restricción a los centros de investigación para detectar la cadena de contagios, ni mucho menos se debate para evaluar y mejorar las estrategias de comunicación para modificar los patrones de conducta hacia la prevención e higiene de las personas.
Se desvía el debate serio sobre el constante acoso a las pequeñas, medianas y grandes empresas, generadoras de la mayor cantidad de empleos en el país, además de la generación de la riqueza nacional, debido a la cancelación de obras de infraestructura estratégica.
No debemos caer en las provocaciones de una discusión, por ejemplo, sobre el trabajo honesto de los abogados que, ante los ojos de los millones de personas en la pobreza, carece de efecto en la mayoría de los votantes. Sin duda alguna, no sólo es injustificable y hasta condenable que, desde el cargo del jefe de Estado, se condene como traidores a la patria a quienes ejercen un trabajo conforme a la Constitución y a la ley, sin embargo, reitero, ese debate sólo desvía el verdadero fondo de una política que ya demostró su fracaso en el mundo.
El cambio debe comenzar a partir de hoy. Primero, convenciendo a todas las personas posibles para que vayan a votar. En el vecino país del norte, con la campaña en todos los espacios, ya fuera deportivos o de cualquier índole, se convocaba a todos a votar.
Hay que aprender que muchas personas convencidas de un planteamiento, muchas veces no acuden a votar. Éste fue un aprendizaje que enseñó la elección en la Gran Bretaña respecto la separación de la Unión Europea, a pesar de que las nuevas generaciones estaban de acuerdo, pero no salieron a votar. Similar situación aconteció en la ratificación popular sobre los acuerdos de paz en Colombia. Segundo, será convencer a los indecisos, pues los decididos ya son casos perdidos.
Lo trascendental es que derrumban los muros que se construyeron de la aún débil y muy joven democracia mexicana.
