Desatención al público, sin cambios
La sociedad aún padece inseguridad, corrupción y bajo desempeño económico, incluso,en muchos casosse ha incrementado.
En los primeros 100 días de gobierno se ha informado lo que se ha desmantelado, pero poco o nada se ha informado de lo que en verdad se ha construido para dar resultados concretos en beneficio del ciudadano.
Más allá de las cifras que nos refieren un incremento o disminución de los índices delictivos, la sociedad aún padece una grave percepción de la inseguridad, y cuando, lamentablemente, llegamos a ser víctimas de un hecho delictivo, no sólo nos enfrentamos a la agresión de la delincuencia, sino también al abandono y desamparo o, incluso, agresión de las mismas autoridades.
100 días son insuficientes para acabar con las historias de robos a casa habitación, robo a transeúnte, de lesiones, de amenazas de secuestro, cobro de piso a los comerciantes, y la lista podría continuar, de los delitos que se suceden cada día; pero son suficientes para hacer un corte de caja sobre las primeras acciones para recuperar la confianza de la sociedad en las instituciones de seguridad pública, sobre todo a partir de la atención al público.
Es un suplicio y un calvario cuando uno acude ante las autoridades a presentar una denuncia o requerir la intervención del Estado en la atención de los problemas ciudadanos. Aun cuando la mayoría de los delitos ocurra a nivel estatal, pero tampoco se nos informa que el cambio haya llegado a nivel federal, que pudiera ser evaluable por quienes reciben dicha atención al público.
En lugar de buscar el consenso y acuerdo con los gobernadores de las entidades federativas para generar una estrategia para recuperar la confianza de la sociedad en las instituciones de seguridad pública, estos cien días son una cronología de agravios contra los gobernadores que acuden a los mítines del Presidente de la República, además de la estrategia de sometimiento, en lugar de una búsqueda de colaboración y coordinación entre órdenes de gobierno.
En la Ciudad de México, por ejemplo, señora jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, el programa de parquímetros, en el que se emplea a un no tan pequeño ejército de ciudadanos que se encuentran revisando en las calles a quienes se estacionan y se descuidan, aunque sea unos instantes, para llamar inmediatamente a la policía (en este caso sí acuden en segundos) y así colocar los inmovilizadores e imponer la multa correspondiente, no se corresponde tal efectividad de cobertura público-estatal, con una mejoría en la seguridad pública de esta ciudad. Es un insulto que ningún policía acuda en forma diligente y eficaz para atender a las víctimas de delitos o conflictos vecinales, pero sí, en cambio, para colocar inmovilizadores y multas al menor descuido.
En el tema del combate a la corrupción, ni siquiera se ha ratificado a los magistrados que juzgarán sobre las acusaciones en esta materia, mucho menos se ha comenzado la estrategia de transformación social que inculque los valores de rechazo a las prácticas sociales de la corrupción.
Sin duda alguna que ésa sería la mejor inversión del capital político que tiene actualmente el Presidente de la República, es decir, convocar a la sociedad entera a contribuir, desde su posición, primero los servidores públicos y, en general, a madres y padres de familia, trabajadores particulares, estudiantes, todos, a dejar en el pasado cualquier clase de prácticas que contemple la corrupción, en todos los niveles, desde el policía de tránsito, el conductor, pasando por quienes pretenden agilizar trámites administrativos, hasta los grandes empresarios que pretenden verse favorecidos con los contratos públicos más cuantiosos, y los altos servidores públicos que manipulan las contrataciones.
Esas convocatorias, tanto en el ámbito de la seguridad pública como de transformación social contra la corrupción, tendrían un gran impacto para mejorar las condiciones económicas del país, ya que generaría condiciones propicias para la inversión y el crecimiento económico, en el mediano y largo plazo.
Hasta en tanto no se haga esa inversión del capital político para hacer efectiva esa transformación, las acciones hasta ahora emprendidas serán sólo parte del discurso que llenará las páginas de la historia de la demagogia en nuestro país.
