Ante el fracaso de la 4T

En el caso del CIDE, se les pretende enseñar a los estudiantes y a los investigadores científicos que la lealtad premia más que la verdadera honestidad y congruencia. Que pareciera seguir vigente la regla de negociación de lealtad por impunidad. Lo peor es que se trata de un mensaje que intenta llegar a todos los centros de estudio y universidades públicas de nuestro país.

La respuesta está en la suma de esfuerzos individuales. A pesar de las medidas de prevención (los tes, el VapoRub y los escudos de valores) que el gobierno federal promovió para evitar los contagios y superar la enfermedad, las muertes por covid-19 en nuestro país superan cualquier otra causa.

Nuestro país sigue siendo ejemplo ante el mundo de lo que no debe hacerse en las políticas públicas y, lamentablemente, en las prácticas sociales.

El Presidente de la República quiere que le hagan caso a sus mensajes en la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo que se apruebe rápidamente el uso de ciertas vacunas, sin embargo, él no hace caso de las medidas más elementales de prevención dictadas por la OMS, que una vez que una persona detecte ciertos síntomas de covid, se debe aislar y reforzar el uso del cubrebocas para evitar la propagación del contagio.

Una parte de la sociedad ha aprendido a reanudar sus actividades, usando e, incluso, a desechar correctamente los cubrebocas, a mantener una sana distancia, lavarse adecuada y frecuentemente las manos, evitar tocarse con las manos la nariz, ojos y, en general, la cara, además de seguir los cuidados médicos en caso de contagios.

Incluso ha aprendido que las vacunas no evitan los contagios, pero ayuda, en muchos casos, a minimizar los efectos de la enfermedad. Que las vacunas ayudan a retomar las actividades esenciales de la vida, aunque aún nos hace falta tiempo para retomar sin riesgo nuestras actividades sociales recreativas.

Lamentablemente amplios segmentos de la población siguen las enseñanzas de su líder, usando el cubrebocas sólo cuando se lo exigen los demás (por ejemplo, en los vuelos de avión o en el extranjero). Y esas personas son las que han generado el incremento de los contagios y, en muchos casos, en forma indirecta, las muertes de nuestros seres queridos, y además han postergado que todos volvamos a retomar la normalidad.

El gobierno sigue y seguirá actuando conforme a un termómetro electoral, puesto que sigue sin tomar las medidas que disminuyan los contagios y muertes.

Lamentablemente, esta política errática aplica también al tema de seguridad pública, en donde el gobierno continúa sin entender que darle la espalda al problema de la ilegalidad, como es la toma de las casetas de cobro, las extorsiones, servir de tapadera de ilícitos, entre muchos otros delitos, reafirma la perspectiva de un país en el que pareciera que es más fácil vivir en la impunidad de la ilegalidad, que apegarse a la legalidad.

En el caso del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), se le pretende enseñar a los estudiantes y a los investigadores científicos que la lealtad premia más que la verdadera honestidad y congruencia. Que pareciera seguir vigente la regla de negociación de lealtad por impunidad. Lo peor es que se trata de un mensaje que intenta llegar a todos los centros de estudio y universidades públicas del país.

A pesar de todo ello, nuestro país ha logrado construir una cultura de la denuncia y liberación de espacios. Me refiero a ese segmento de la población que lee, entiende, critica y propone la formación de ciudadanos que conozcan y ejerzan sus derechos.

Me refiero a un segmento de la población que logró sobrevivir precisamente a esos que se robaban las elecciones, que colapsaron el sistema electoral y que, por ellos, se creó una institución constitucionalmente autónoma, como el Instituto Federal Electoral (ahora INE) que no dependiera política ni económicamente del gobierno, para organizar las elecciones y que las decisiones de dicho órgano sólo fueran controladas jurisdiccionalmente por el Tribunal Federal Electoral.

Ya se derrotó una vez ese sistema corrupto y violento, que asesinaba periodistas, opositores y reprimía manifestaciones, o incluso cooptaba y compraba a los disconformes.

La respuesta está en el esfuerzo y dedicación de cada uno.

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