5 votos por cada uno

Más allá de lo obvio de que la sociedad debe salir a votar el día de las elecciones. También debe procurar convencer y motivar a sus personas allegadas para que salgan a votar, porque, lamentablemente, existe una tendencia mundial de dejar en manos de una minoría que tomen las decisiones políticas más importantes.

Contra la compra de votos se requiere hacer efectivo el clamor por cambiar y limitar el actual poder desenfrenado.

Si en los anuncios televisivos se chantajea públicamente con el dinero de los contribuyentes que, disfrazado en los programas sociales, se entrega para que se vote por el partido en el gobierno, imaginemos lo que se hace en privado con la entrega de esos recursos, con una fiscalización de chiste.

Más allá de lo obvio de que la sociedad debe salir a votar el día de las elecciones. También debe procurar convencer y motivar a sus personas allegadas para que salgan a votar, porque, lamentablemente, existe una tendencia mundial de dejar en manos de una minoría que tomen las decisiones políticas más importantes.

Así sucedió en Colombia en el referéndum en el que ganó el rechazo al proceso de paz, y en el Reino Unido con la consulta para separarse de la Unión Europea; no obstante que, en ambos casos, los sondeos y encuestas indicaban que la sociedad en general estaba a favor del proceso de paz y que en el Reino Unido la mayoría estaba a favor de seguir formando parte de la Unión Europea.

En nuestro país tenemos un problema aún mayor, la cultura democrática brilla por su ausencia, cuando el jefe del Estado mexicano y los más importantes de sus colaboradores, en franca violación a la Constitución y a las leyes electorales, intervienen en el proceso electoral.

Esos servidores públicos desatienden las prioridades nacionales, como disminuir los contagios y brindar mejor atención médica por la pandemia, garantizar y promover la creación de empleos, combatir la inseguridad pública.

Las conferencias mañaneras están enfocadas en la promoción electoral y el ataque a los adversarios políticos, en distraer y distorsionar la percepción sobre la grave crisis que vivimos en el país. Además, las instituciones de seguridad están enfocadas en atacar a los adversarios políticos, en lugar de garantizar la vida y la integridad de todos los habitantes de nuestro país.

Los procesos electorales y las elecciones debieran ser los mecanismos pacíficos de una democracia para darle cauce institucional y civilizado para dirimir las diferencias y someter al escrutinio público las propuestas, no sólo para resolver los problemas de la sociedad y, en ese sentido, acceder al poder político en forma legítima.

En cambio, estamos siendo espectadores y, en cierto sentido, víctimas de una contienda violenta por el poder. Diario se informa de atentados y homicidios cobardes en agravio de ciudadanos que participaban en un proceso que consideraban parte de una democracia para competir contra quienes pensaban diferente, sin embargo, a sus criminales adversarios lo único que les interesa es el poder a costa incluso de matar en forma cobarde.

A pesar de ello, no será la primera vez que la sociedad mexicana sale a votar y convence a sus seres queridos, vecinos y amistades, para dar una lección de civilidad, incluso a sabiendas de que no hay peor adversario que el que no quiere oír.

Hemos observado cómo las dictaduras latinoamericanas se han construido comprando los votos con la venta de los hidrocarburos, como en Venezuela, en donde, a pesar de la popularidad comprada con sus propios recursos públicos, hoy padecen las hieles de la dictadura, mediante el control absoluto de las principales instituciones públicas y privadas, pero con el estigma mundial, carentes de la mínima legitimidad y dignidad.

El 6 de junio los ciudadanos pueden hacer valer no sólo su voto, sino de quienes están dudando de hacerlo, convenciéndolos de ejercer el derecho democrático más importante, como es el votar.

Sin duda alguna que la democracia mexicana aún tiene muchas deudas con el bienestar nacional, pero es el mejor método para que la sociedad exprese su voluntad para gobernar. Debemos dar una lección de civilidad a quienes plantean el camino de la violencia, incluso desde el propio poder.

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