Nuevo Presidente, ¿nueva sociedad?
¿En verdad AMLO acabará con la corrupción? ¿Los secuestradores, rateros, violadores y traficantes de personas dejarán de hacerlo eligiéndolo?
¿Cuáles son los problemas que debieran comprometerse a resolver? ¿Y cuáles son los cambios sociales que debieran impulsar?
El Presidente de la República, como responsable de la Administración Pública Federal, tiene entre sus facultades la de nombrar y remover libremente a los titulares de las secretarías de Estado, lo cual implica que el Ejecutivo federal determina las acciones gubernamentales para atender los problemas sociales y, si alguno de sus colaboradores no cumple las instrucciones del Presidente, puede removerlo y nombrar a cualquier otro libremente.
Es por ello que el Presidente de la República es, sin duda alguna, el responsable final de los aciertos y desaciertos del gobierno federal y, en ese sentido, los candidatos a dicho cargo deben comprometerse a mejorar los servicios públicos de las instituciones federales responsables.
Es inaceptable que, a pesar de todo el dinero que se ha invertido, por ejemplo en materia de seguridad pública, ya sea de la Policía Federal, de procuración de justicia o del sistema penitenciario, no haya indicadores que mejoren los niveles de eficacia, confianza y credibilidad ciudadana, que es lo que realmente le interesa y le impacta a la sociedad.
No obstante lo anterior, con independencia de quien llegue a ganar la Presidencia de la República, la sociedad debe considerar que hay cuestiones que no deben ser materia de las promesas de campaña, precisamente porque no está dentro de su ámbito de atribuciones resolverlo; como la transformación de la cultura de una sociedad.
Hoy en día, la sociedad debe hacer ejercicios autocríticos con respecto a la conducta que tenemos para con nuestros vecinos, las autoridades locales (Policía de Tránsito), los inspectores delegacionales, municipales, estatales o federales, los maestros de nuestros hijos e incluso con nuestra propia familia.
Existen múltiples estudios de cómo se construye la percepción de la inseguridad ciudadana. Sin duda alguna, uno de los factores más importantes tiene que ver con la capacidad de respuesta de las instituciones públicas de seguridad, por ejemplo, la rapidez, eficacia, eficiencia, atención y sensibilidad (entre otros factores) medidos a partir de las necesidades del ciudadano, no desde una perspectiva burocrática meramente cuantitativa, puesto que no se trata de conocer sólo cuántas veces se respondió a una llamada de emergencia, sino todos los factores a que nos hemos referido; sobre todo, respondidos por el ciudadano a una entidad externa a la institución que presta el servicio.
Sin embargo, para la construcción de esa percepción de inseguridad también se incluyen los factores del comportamiento de los vecinos, precisamente de aquellos que acostumbran arrojar la basura en la calle, a ingerir bebidas embriagantes en la vía pública, faltar el respeto a los transeúntes, no respetar los espacios públicos (ya sea estacionando los vehículos obstaculizando la salida o entrada de otras personas), haciendo ruido en horarios inadecuados, estacionarse en doble y triple fila, ya sea afuera de las escuela de los hijos, de los comercios, y muchas otras conductas que, sin llegar a constituir un delito, ocasionan un malestar entre los vecinos y que no es resuelto en forma pacífica y respetuosa por los involucrados, mucho menos por las autoridades.
Cuántas veces con la finalidad de eludir una multa por las violaciones administrativas se ofrece dinero o se acepta las propuestas para ello; o se insulta a las autoridades que tratan de cumplir su trabajo dirigiendo el tránsito; claro, sin dejar de considerar que también hay agentes policiales que tienen consigna de únicamente buscar la infracción para multar o negociar las mismas, sin que ello contribuya a resolver el verdadero problema del tránsito o la inseguridad en las ciudades.
Incluso pretendemos que los profesores no les digan nada a nuestros hijos que les cause molestia alguna, a pesar de que ellos incumplan las reglas mínimas de la convivencia, ya sea faltando el respeto a sus compañeros, maestros o simplemente sus deberes escolares.
En esta problemática social, lo que se requiere es que el jefe de Estado, precisamente, cumpla la función de encabezar y liderar a una nación para impulsar las transformaciones sociales que respondan a las problemáticas a que nos hemos referido.
Para ello, sin duda alguna, difícilmente lograremos construir una sociedad respetuosa de los demás cuando hay quienes se la pasan insultado a los demás y, entonces, pareciera que cualquiera podemos andar por la vida insultando también a los demás.
