¡No al bullying a instituciones de seguridad!

Ofende al sentido común la simple frase e idea expresada por el Ejecutivo federal en un foro ciudadano para la seguridad

Sin duda alguna que existen miembros de las corporaciones de seguridad y de las Fuerzas Armadas que exponen su vida para cumplir su misión de garantizar la seguridad de la sociedad, a quienes expreso mi reconocimiento y respeto.

Sin embargo, tampoco se debe llegar al extremo de utilizar un vocablo de la lengua inglesa, como bullying, que ha sido empleado comúnmente para referirse a la violencia en todas sus expresiones, que padecen, principalmente, estudiantes, pero que no es privativo de ellos, sino que incluso se ha extendido este vocablo para referirse a la violencia a otras personas, principalmente desde una perspectiva sicológica, aunque también incluye la violencia de tipo físico.

Al respecto, resulta poco menos que ilógico que se haga referencia al bullying para defender a las “instituciones de seguridad”, más allá de cuestionar el uso de dicho vocablo y su connotación.

Las críticas que se realizan al desempeño de las instituciones debe ser analizado para mejorar su servicio en beneficio de la sociedad; al respecto, se debe estar abierto a la crítica y, en su caso, responder con resultados objetivos y verificables por la sociedad, en particular de quienes se han organizado y dedican parte de su tiempo a ello, a propósito de tragedias que han padecido con motivo de la incapacidad de las propias instituciones de seguridad, en lugar de actuar y estar a la defensiva.

Hemos sido incapaces, principalmente desde las instituciones públicas, que tienen la responsabilidad, por ley, para superar el círculo vicioso del descrédito, desconfianza y reacción de las instituciones públicas, así como por parte de la sociedad. La sociedad no le cree ni confía en la policía y, a su vez, la policía se cierra al escrutinio público. La sociedad actúa en forma prepotente e irrespetuosa a la autoridad y la autoridad actúa en forma prepotente ante el ciudadano.

A pesar del avance de las ciencias sociales y de las investigaciones en administración pública, continuamos improvisando ante los fenómenos sociales del temor y desconfianza ciudadano en sus instituciones policiales. No se trata de responder con el número de operativos realizados o de efectivos desplegados en cierta zona geográfica de la ciudad o colonias, o personas detenidas; sino de los mecanismos idóneos para recuperar, precisamente, la confianza y el respeto de la sociedad.

En esa misma línea argumentativa, nos hace falta que los miembros de las corporaciones de seguridad logren el respeto y confianza entre sus propios integrantes y superiores, puesto que también debe terminar el maltrato que existe de los mandos superiores sobre la tropa, y entre los propios integrantes de la tropa.

Ya que poco podremos avanzar en recuperar la confianza y respeto de la sociedad hacia las instituciones de seguridad si no logramos ese mismo objetivo al interior de las mismas, aunque el proceso de cambio se realice en forma paralela.

Sólo defender a las instituciones sin asumir un compromiso de cambio, es continuar con las condiciones de deterioro constante de las mismas, haciéndose cómplice, precisamente, de las causas que generan la crítica a las mismas, y que reproduce el círculo vicioso.

Es necesario romper las estructuras que se benefician de mantener privilegios y canonjías que afectan el desempeño laboral y desarrollo integral de las instituciones de seguridad, mediante un plan previa y adecuadamente realizado y con mayor cuidado implementado, para evitar los vacíos de poder que generalmente se crean en ese tipo de cambios.

Pero no deben ser pospuestos estos cambios bajo el pretexto de la inestabilidad o el daño institucional; sino que, precisamente, para generar mejor estabilidad y proteger a la institución, se debe generar respeto y revisar las expectativas de superación personal, estabilidad laboral y apoyo familiar de los integrantes de las corporaciones de seguridad.

En la medida en que se dejen atrás los mecanismos de comunicación que se basan en la desconfianza mutua sociedad-Estado, podremos mejorar una sociedad que sustituya la inseguridad como base de su convivencia, por un esquema de apoyo mutuo.

Las instituciones públicas, incluyendo las de seguridad, necesitan de la confianza y respeto de la sociedad y ésta, de la misma confianza y respeto de las instituciones de seguridad. Estado y sociedad (políticos, líderes sociales, incluyendo vecinos en general) necesitamos mucho camino por andar en ambas vías, sin embargo, el momento actual lo desperdiciamos en mutuas ofensas banales.

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