¿Inseguridad privada también?
Ni las plazas comerciales son ahora seguras. La privatización de la seguridad comete los mismos errores del Estado en materia de seguridad pública
Me uno a las felicitaciones a Grupo Imagen,
porque, desde hace un par de días,
Excélsior Televisión ya está en cadena nacional.
Las plazas comerciales surgieron como una respuesta a la inseguridad pública, ya que en un espacio cerrado y “seguro” se podría disfrutar del cine, restaurantes, tiendas comerciales, ya fuera de libros, artículos de música, diversión, entretenimiento o cualquier otro.
De la misma forma en que se incrementaron las empresas privadas que proporcionan “seguridad”, con la finalidad de suplir las deficiencias del Estado para garantizar la seguridad ciudadana, al paso del tiempo, la respuesta inmediata e “innovadora” evidencia sus limitaciones y carencias, toda vez que, al igual que el Estado, incumple las condiciones mínimas de preparación, capacitación, profesionalización, mecanismos de control de calidad, honestidad y expectativa de vida familiar que garantice prestaciones sociales a la altura del reto y el riesgo que corren los guardias de seguridad privada que exponen sus vidas.
Abordemos algunos aspectos de la seguridad privada, al margen de que la respuesta a la inseguridad (subjetiva de la sociedad) y la delincuencia (índice objetivo de delitos) no se encuentra únicamente en los cuerpos de seguridad, sino en mejorar en las personas las oportunidades de superación profesional, reforzar los valores de respeto y convivencia social, así como generar un Estado más eficaz en la prestación de sus servicios en general, entre otros aspectos.
En las secciones de ofertas de empleo se puede advertir que las empresas de seguridad privada requieren personal que no se encuentre preparado, ni mucho menos se le exigirá que curse y apruebe rigurosos programas de capacitación, ni tampoco se le ofrezca una expectativa de vida que brinde prestaciones a su familia que lo motiven a realizar un esfuerzo extraordinario en su servicio para conservar su empleo; tales situaciones generan en gran medida la enorme rotación e inestabilidad laboral del personal, además de inseguridad en la prestación del servicio.
Al igual que el Estado, se ha mostrado incapaz para garantizar la seguridad en las ciudades, como en los espacios cerrados de las cárceles, ahora las empresas de seguridad privada también son incapaces de cumplir su función en los espacios cerrados de un centro comercial que, supuestamente, tiene cámaras de video, control de acceso peatonal y vehicular, a grado tal que ocurren no sólo asaltos, sino tiroteos en las horas de mayor afluencia al mismo.
Las empresas de seguridad privada no informan del seguimiento de los principales incidentes, al igual que el Estado tampoco informa del seguimiento de los asuntos más relevantes, como ha sucedido con el accidente del BMW en Paseo de la Reforma, donde murieron tres personas, o de los jóvenes prepotentes y agresores en los restaurantes que se denunció en las redes sociales; ni de la agresión entre jóvenes de dos colegios particulares en una fiesta de graduación; ya no digamos de los feminicidios en los estados de mayor incidencia, el incremento de los secuestros o de los robos con violencia o de las extorsiones.
Lo anterior influye en forma preponderante en la percepción de inseguridad, de ahí que más de dos terceras partes de las personas mayores de 18 años, entrevistados en nuestro país conforme a la última encuesta nacional del Inegi, se consideran inseguras en las ciudades donde viven; aun cuando la probabilidad estadística de ocurrencia que afecte directamente a las personas no corresponda con la percepción de inseguridad.
Con motivo de las campañas electorales en los próximos meses, es momento de aprovechar y comprometer la atención de los principales líderes políticos, quienes pueden y deben tomar las decisiones públicas para enfrentar los problemas cotidianos de la sociedad, tales como establecer indicadores de gestión y supervisión sobre las instituciones de seguridad pública y privada para que estén mejor capacitados y brinden un servicio de calidad, eficacia, sin perder sensibilidad humana.
La demagogia de algunos precandidatos es evidente, sin embargo, la mejor manera de controlar ese desenfrenado uso de la lengua y evitar el fenómeno del síndrome del canto de las sirenas, es mediante la organización social que establezca los compromisos que sean supervisables y evaluables en forma pública y periódica.
La democracia mexicana se encuentra en riesgo no sólo de padecer un Trump, un Hugo Chávez o un Nicolás Maduro, sino también de que las cosas permanezcan o empeoren, sin fiscal general, sin fiscal anticorrupción ni el de la Fepade.
