Retos y talentos nacionales: Margarita y Ricardo

Para enfrentar la corrupción, la inseguridad y las deficiencias en la educación, entre muchos otros problemas nacionales, se requiere talento, capacidad y sensibilidad

México es el peor evaluado en el Índice de Percepción de Corrupción de los países de la OCDE y se ubica en el lugar 123 de 176 de la evaluación total, conforme a un estudio publicado en enero de este año (2017). Por otro lado, tres cuartas partes de la población de más de 18 años consideran inseguro vivir en su ciudad, conforme al estudio de percepción del Inegi, publicado en junio pasado.

En materia educativa, conforme a un reporte también de la OCDE, más de la mitad de los alumnos es incapaz de demostrar las competencias necesarias en los exámenes de matemáticas de la prueba PISA, para participar plenamente en las economías modernas.

Estos son algunos indicadores que demandan la atención y disposición de los líderes nacionales, en el que nadie sobra y todos hacen falta. Cada ser humano tiene cualidades y virtudes que, unidas, representan una fortaleza de México.

En estos últimos días sobrarán quienes escriban destacando los aspectos negativos de dos líderes nacionales indiscutibles: Margarita Zavala y Ricardo Anaya; por el contrario, yo estoy convencido de que ambos tienen talentos y cualidades positivas que le urgen a nuestro país.

Conozco a Margarita desde nuestra juventud, hace más de 30 años. Desde entonces, ella defendía no sólo el derecho de la mujer a participar en la vida política, sino propugnaba por un México en el que se respetaran las leyes y se construyeran instituciones democráticas. Desde entonces he sido testigo fiel del crecimiento del liderazgo que ha cultivado con su propia dedicación y esfuerzo.

Por su parte, aun cuando no tengo el mismo tiempo de conocer a Ricardo Anaya, ello no ha sido obstáculo para reconocer sus cualidades desde su trabajo en Querétaro, por los valores que ha defendido no sólo en las contiendas electorales que ha liderado en forma exitosa, sino también en sus elocuentes intervenciones parlamentarias y en la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Quienes han dirigido a una institución saben de los múltiples factores que existen para lograr resultados favorables concretos, tangibles y medibles objetivamente, más allá de valoraciones subjetivas. En el caso de Ricardo, como presidente del CEN del PAN, las victorias electorales son evidentes.

Como decía Carlos Castillo Peraza, para que tengamos una democracia se requieren demócratas; es por ello que para que tengamos instituciones y un país sólido y democrático, requerimos de demócratas convencidos de ello. Ambos líderes a quienes me refiero son mucho más demócratas que la mayoría de aquellos contra quienes hemos contendido electoralmente desde que se fundó Acción Nacional.

Me niego a participar en un debate en el que se privilegie el intercambio de descalificaciones y denostaciones personales. Quienes me enseñaron sobre la participación política, no sólo desde las aulas, sino en las calles, a tocar casa por casa para mover conciencias y construir una ciudadanía que conociera sus derechos y apoyarla para ejercerlos, buscando el bienestar común y garantizando la dignidad de la persona humana, también me enseñaron a construir a partir de las convergencias y procurar dejar de lado las divergencias.

De esta manera se construyen las democracias en el mundo, aun en los casos en que existen las más grandes diferencias. No hay ninguna diferencia que la capacidad y el talento humano no pueda superar cuando existe coincidencia en lo esencial.

Prefiero participar en el debate que denuncia la regresión de un pasado autoritario, que creíamos superado, en el que se corría a los conductores, como sucedió la semana pasada en el caso del doctor Leonardo Curzio, para censurar las voces informadas, serias y profesionales, me refiero a María Amparo Casar y Ricardo Raphael, en realidad, en agravio de toda una sociedad democrática.

Los bienes públicos, como el espectro radiofónico, que es concesionado por el Estado, no deben ser empleados simple y llanamente bajo la perspectiva de la legalidad formal del interés privado, sino de una legalidad sustancialmente democrática, que respete tales valores y, para ello, también se debe someter dicho régimen a los recursos públicos que se destinan a la publicidad.

Salud, libertad de expresión vs. la censura, tal como sucedió con Leonardo Curzio.

(https://www.oecd.org/eco/surveys/mexico-2017-OECD-Estudios-economicos-de...)

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