Dos Méxicos

El México del Informe de Gobierno y el otro México, el de la realidad; uno es el del discurso político gubernamental y el otro el que padecemos la mayoría de los habitantes del país

Tal como recientemente Excélsior informó, persiste la desigualdad, ya que, en tanto 12.3 millones de habitantes (el 10% de la población) percibe sólo 8.9% de los recursos generados en la economía, otro 10% de la población concentró cerca de dos terceras partes de tales recursos (63.3%), conforme a la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2016, levantada por el Inegi.

Lamentablemente, persisten las mismas entidades que por décadas han estado en los lugares más bajos de ingreso a nivel nacional: Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Hidalgo, Veracruz, Michoacán, entre otros, al igual que los que reciben los mayores ingresos. Aunque hay que analizar con más detalle los datos, ya que, por ejemplo, el Estado de México se ubica en el segundo lugar, por debajo de la media nacional de ingreso, cuando la mayoría de la población de dicha entidad podría, sin lugar a dudas, colocarse en una situación diferente a ese dato.

En el mensaje a la nación que se realice con motivo del Informe de Gobierno, poco o nada se precisará en torno a esta desigualdad, así como tampoco se referirá al nivel de violencia que se está padeciendo.

En este mismo diario, Leo Zuckermann daba cuenta de que, hasta junio del presente año, ya había alrededor de 55 mil ejecuciones, que el primer semestre del presente año había sido también el más violento del sexenio; comparando las ejecuciones del primer semestre de 2013 con el mismo periodo del presente año había un incremento de alrededor de 55%, en tan sólo cuatro años.

Cabe destacar que hay otros delitos que también aquejan a la sociedad, tales como robo a transeúnte, extorsión, lesiones, entre otros, el índice de denuncia es muy bajo y no existen indicadores que brinden la misma certeza para su medición, a pesar de la grave afectación a la sociedad; sin embargo, otro indicador que nos proporciona una idea de la magnitud del problema es la percepción de inseguridad de la sociedad, también medida por el Inegi, conforme a la Encuesta Nacional de Inseguridad Pública Urbana 2017, en la que reportó que, durante junio de ese año, dos terceras partes de la población de 18 años o más consideró inseguro vivir en su ciudad y que, en el caso de las mujeres, rebasa hasta el 80 por ciento.

La misma encuesta revela que durante el segundo trimestre de 2017 la proporción de la población que mencionó haber visto o escuchado conductas delictivas o antisociales en los alrededores de su vivienda fueron: consumo de alcohol en las calles (65.4%), robos o asaltos (64.2%), vandalismo en las viviendas o negocios (52.1%), venta o consumo de drogas (42.2%), bandas violentas o pandillerismo (35.1%) y disparos frecuentes con armas (34.9%).

Lo relevante de esta situación es que la sociedad, además de que nos encontramos en un alto nivel de inseguridad, hemos tenido que cambiar nuestros estilos de vida por ello, ya que 61.8% de la población de 18 años y más, residente en las ciudades objeto de estudio del Inegi, manifestó que durante el segundo trimestre de 2017 modificó sus hábitos con respecto a “llevar cosas de valor como joyas, dinero o tarjetas de crédito” por temor a sufrir algún delito; mientras que 55.5% reconoció haber cambiado hábitos con respecto a “permitir que sus hijos menores salgan de su vivienda”; 50.3% cambió rutinas en cuanto a “caminar por los alrededores de su vivienda pasadas las ocho de la noche”, y 34.3% cambió rutinas relacionadas con “visitar parientes o amigos”.

La sociedad padecemos una realidad diferente a la que se publicita en los discursos públicos del Informe de Gobierno. Y sólo quienes no quieren ver la realidad continúan considerando que los datos antes referidos sólo son invenciones de la oposición o de los críticos que no queremos ver que lo bueno también cuenta.

En otro tema muy diferente, deseo hacer patente una condena y rechazo al terrorismo y la violencia que se padecen en varias ciudades en el mundo, recientemente en la ciudad hermana de Barcelona, España, con la que, más allá de que nos unen profundas raíces históricas, nuestra solidaridad con la población civil, que padece la intolerancia y brutalidad de quienes actúan menospreciando la naturaleza humana.

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