Ahogado el niño, se tapa el pozo

El socavón en el Paso Exprés de Cuernavaca es una muestra más de la incompetencia, irresponsabilidad y corrupción
 

A la memoria de Juan Mena López y Juan Mena Romero.

En la inauguración de la obra se anunció con bombo y platillos resaltándola como una de las mayores obras del año para tratar de mejorar la imagen pública de los más altos funcionarios públicos federales, sin embargo, ahora esos mismos funcionarios que recibieron las palmas por la obra no asumen la responsabilidad de las funestas irregularidades.

¿Cuál es el costo político que ha pagado el secretario de Comunicaciones y Transportes por ofrecer y publicitar una obra que supuestamente duraría de 30 a 40 años y que dejó de funcionar en menos de un año?

La renuncia de un delegado de dicha dependencia en el estado de Morelos para tratar de tapar el Sol con un dedo continúa reafirmando la irresponsabilidad, puesto que dicho servidor público no fue el responsable de autorizar y supervisar la realización de la obra, si acaso es responsable de no hacer nada después de haber recibido las denuncias de los vecinos de la obra.

Sin menoscabo de que nadie tampoco haya asumido la responsabilidad de nombrar a un delegado que carecía de la experiencia necesaria en el cargo que desempeñaría, a diferencia del nombramiento del nuevo delegado, que tiene 30 años de experiencia en la supervisión de obra pública, después de que fallecieron dos personas por las deficiencias de la obra.

Es inconcebible que, en pleno siglo XXI, no se realice una obra pública que, incluso desde las culturas mesoamericanas, podrían haber realizado tomando en consideración los afluentes pluviales. El avance de la ingeniería en nuestro país tiene la capacidad técnica para prever con una gran exactitud los riesgos que podía y puede correr una obra pública. La incompetencia no está en los ingenieros que, sin duda alguna, debieron haber advertido con la más elemental lógica el riesgo que implicaba construir en un paso natural de aguas pluviales.

La verdadera irresponsabilidad está en los políticos que se creen ingenieros y que pueden tomar decisiones sin que sufran consecuencia alguna de sus actos, toda vez que no se trataba de llevar a cabo la obra con el menor costo económico posible en el que fuera elevado el riesgo de pérdida de vidas humanas. Este tipo de casos evidencia la forma de pensar de los gobernantes en turno, que consideran que gobernar se trata simplemente de realizar una obra cumpliendo las instrucciones superiores para el lucimiento personal del titular de la dependencia o del gobierno federal, sin que se garantice la seguridad de la sociedad hasta donde los avances de la ciencia lo permiten.

La SCT anuncia que los dictámenes preliminares señalan que se cometieron diversas irregularidades y que serán las autoridades competentes las que finquen las responsabilidades correspondientes. Asimismo, que se revisarán las normas técnicas de construcción con la Conagua y con Protección Civil. Se reitera la característica de un gobierno incompetente, irresponsable y corrupto, ya que nadie asume responsabilidad política de las irregularidades, ya sea por complicidad o negligencia.

Un ingeniero reconocido por su trayectoria política como don Heberto Castillo calificaba de corrupto al gobierno y cada vez que le pedían pruebas les respondía que no calificaba al gobierno de tonto, sino de corrupto. En este caso será similar, puesto que serían verdaderamente tontos si hubieran dejado pruebas del incumplimiento de las normas jurídicas debidamente publicadas con anticipación en la que se pueda atribuir la responsabilidad administrativa o penal a los subsecretarios y directores generales que debieron haber autorizado una obra de más de dos mil millones de pesos y que, en menos de un año, presentara una falla de la magnitud de la que se padeció el 13 de julio pasado.

Una vez más, la sociedad padece las consecuencias, en tanto que gobernantes y empresas se responsabilizan mutuamente. Por un lado, ambos debieron proyectar, realizar y supervisar la obra eficazmente, no sólo que se cumpla con normas técnicas elaboradas por ellos mismos, ya sea para reducir costos económicos, sin menoscabo, se insiste, de la seguridad de las personas.

La sociedad sigue sumando casos de incapacidad, irresponsabilidad y corrupción que cobrará en las próximas elecciones.

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